La Charla DominicalReflexiones

Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?

Charla Dominical

Queridos amigos, en este Domingo, el Señor quiere hacernos un examen de catecismo básico, ya que quiere que nos preguntemos ¿Quién es Jesús para mí? Quiere que lo reconozcamos y lo aceptemos como nuestro Salvador.

En el Evangelio de hoy vemos a Jesús que cuestiona a los discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos le contestaron: unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros algunos de los profetas”. Estas respuestas que ellos estaban dando eran genéricas, impersonales; respuestas que habían oído de otros. Pero vemos que lo importante vino enseguida: “Y ¿ustedes quién dicen que soy yo?”.

Hoy Jesús no nos pide una respuesta genérica, sino personal, que parta desde nuestra propia experiencia. Mi respuesta va a depender del lugar que Cristo ocupe en mi vida. podemos tener un conocimiento teórico de Dios, pero que no ilumine la realidad de mi vida.

Esta pregunta es muy importante siempre, ya que nos ayuda a renovar y purificar la imagen que tengamos de Dios. Esto lo digo porque cuando no tenemos una buena imagen, real y concreta, nos podemos desviar. Veamos lo que le pasó a Pedro.

Pudiéramos pensar que, Pero hizo o dio la mejor respuesta, ya que él contestó por todo el grupo: “Tú eres el Mesías”. Me puedo imaginar su cara, orgulloso de haber contestado bien… tu eres nuestro Salvador, nuestro libertador. Sólo que no se imaginó lo que venía después, o lo que esto implicaba, ya que Jesús se puso a explicarles el sufrimiento que conllevaba su Pasión. De ahí que el “valiente” Pedro quisiera disuadirlo de morir y sufrir ahí. Ya sabemos muy bien la dura respuesta de Jesús: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.

Esto nos habla de que Pedro tenía que purificar su imagen de ese Mesías. Si lo reconocía como su Salvador, pero quería que lo fuera con gloria y no con cruz, ya que pensaba que la cruz podía ser signo de fracaso. Nos puede suceder igual, reconocer en Cristo al Mesías, pero a nuestro modo o categorías. Nos cuesta reconocer a un Mesías que viene a entregar su vida, que nos viene a amar hasta el extremo, que viene a perdonar a sus enemigos.

¿Será que también nosotros tenemos una idea distorsionada o velada de él? ¿Alguna que no coincida con la realidad?

Jesús nos invita a seguirlo, pero no a un hotel de cinco estrellas, sino a la cruz. No a que seamos meros repetidores, sino testigos creíbles de su amor. Y una confesión creíble no se hace con palabras, sino en obras y con acciones concretas.

Ya lo escuchamos hoy de St: “¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con las obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? La fe que no se traduce en obras, está completamente muerta”. El seguimiento implica entrega generosa, cruz llevada con amor y alegría. Hoy te invito al examen de tu vida, a que te preguntes qué tanto tus actitudes hablan de que conoces a Jesús; algunas de ellas pudieran ser:

  • Renunciando al egoísmo y la soberbia
  • Haciendo caridad concreta con los necesitados
  • No desperdiciando lo que tienes y compartiéndolo
  • Perdonando de corazón al que te ha ofendido.
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