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Y tú ¿Sabes dar a los demás o sólo te gusta recibir?

Un profesor de agronomía cada año acostumbraba llevar a sus alumnos a conocer los campos de plantación de tomate en la región. Una vez que comenzaron el recorrido, uno de los estudiantes encontró por el sendero un par de zapatos viejos que pertenecían a uno de los jornaleros que laboraba en el campo desde muy temprano.

Entre risas y bromas, aquellos estudiantes planeaban esconder dichos zapatos, para luego ocultarse entre los pastos y observar aquella escena. Pero el profesor al descubrir cuáles eran sus intenciones les propuso algo mejor.

El maestro les dijo: A ustedes nos les ha faltado nada, han sido muy dichosos, pero la historia de este hombre no la conocemos, por eso, les propongo hacer diferente su día, ¿Cómo ven? ¿Se animan? Todos respondieron que sí instantáneamente. Muy bien, dijo el profesor, dentro de cada uno de los zapatos, vamos a colocar una moneda, luego, nos ocultaremos y veremos qué es lo pasa.

De inmediato, uno de ellos donó las monedas y las puso dentro de aquel calzado, mientras que todos se ocultaron cerca de la zona, detrás de los arbustos cercanos. Al caer la tarde, se vio caminar hacia el sendero a aquel jornalero que había terminado su tarea del día. 

El hombre que vestía de manera muy pobre, se limpió la cara y comenzó a buscar sus zapatos y su morral. Al mismo tiempo que se ponía el morral, deslizaba su pie derecho sobre el primer zapato, pero cuál fue su sorpresa al sentir que dentro de éste había algo. Se agachó y al buscar dentro encontró aquella moneda, lo mismo hizo en el otro zapato.

Desconcertado de lo que estaba pasando, miró a todos lados y no encontró a nadie. No encontrando razón de la existencia de aquellas monedas, las miró en su mano y apretandolas comenzó a llorar desconsoladamente hasta caer de rodillas en el piso.  

Con la mirada en el cielo y entre sollozos, agradecía a Dios incesantemente ese favor, pues tenía a su esposa gravemente enferma y sus hijos llevaban ya varios días que no comían, pues no alcanzaba con lo que le pagaban. Puesto de pie, guardó las monedas en su morral y se fue contento a casa.

El joven que había donado las monedas, que fue quien en un inicio había propuesto esconder los zapatos de aquel hombre, no cabía de la tristeza junto con sus demás compañeros. El profesor les dijo: “Ahora ustedes acaban de recibir la mejor lección de su vida y estoy seguro que nunca la olvidaran. Han comprendido el valor que tiene dar, dar a quien más nos necesita, ese es un sentimiento que nada ni nadie les permitirá experimentar”.

Cuánto más damos más recibimos, esa es una ley de la vida. ¿Qué prefieres tú? O mejor dicho ¿Estás acostumbrado a sólo recibir? La verdadera felicidad se encuentra en darse a los demás generosamente sin esperar nada a cambio. Allí está el milagro.

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