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Viva el celibato

Un pensamiento para los célibes

Estas sencillas líneas son para ti que quisiste dejarlo todo por el servicio del Reino de los cielos, que aunque nuestro mundo lo desacredita, es el primer beneficiado por esta entrega generosa, sin destinatario preciso, sin preferencias ni mucho menos exclusivismo.

Qué sería de nuestro mundo sin hombres y mujeres célibes, un mundo en el que todo se basa por lo cuantificable, que todo merece recompensa, en donde el que es más feliz es el que más posee; un mundo materialista que tiene tanta hambre de lo trascendente pero que se atraganta con cualquier porquería que le sacie momentáneamente.

Es en este bello mundo en donde la entrega celibataria debe de ser un punto de referencia, para que los hombres tengan un claro ejemplo de un amor sin medida, de un amor incondicional, de un amor que no excluye, que lo perdona todo y que lo asume todo. Que, aunque parezca fuera de lógica, vean que el amor no es material sino todo lo contrario y que con el testimonio puedan desmaterializar su amor hasta convertirlo en una expresión que alcance a ver el rostro de Dios, y en él encuentre su completa felicidad que, al fin de cuentas, es lo que da sentido al hombre y lo que éste siempre ha buscado, algunas veces con éxito otras tantas se ha desesperado en el intento, pero que si estas lumbreras iluminan su caminar con su ejemplo concreto y sencillo les será demasiado fácil lograr el objetivo.

Los célibes son como una gran ola en el mar, que desde que se va formando tiene una gran valor pues sabe que no tiene una independencia que le haga ser protagonista del espectáculo que dará y el movimiento que sostiene la vida acuática, sino que se sabe parte de un todo, que cuando va recorriendo los diferentes metros para llegar a la playa se encuentra con grandes dificultades que le pueden hacer que pierda su rumbo, que venga a menos su fuerza o que simplemente termine disminuida en el inmenso mar.

Pero que, aun cuando hay turbaciones con el movimiento del océano que la sostiene, llega a la cima grandiosa, dando una vista espectacular de las maravillas de la creación y que permite ser un factor de diversión y admiración para quienes la contemplan, esta misma ola al tocar la playa pareciera que terminó su existir que refrescó el momento y humedeció la arena y ahí todo terminó.

Pero NO es así, cuando tocó el último grano de arena dorada y la hizo que brillará hermosamente por los rayos del sol, se devuelve presurosa a incorporarse al océano que la reclama, para poder ser fuente viva de otras tantas olas que con la fuerza de agua que conlleva les ayudará a verse tan espectaculares y sorprendentes y así seguirá teniendo una actividad en comunión siempre mostrando la maravilla del Creador.

Esto mismo sucede con el célibe, pues en su actuar modesto y callado, en su exclusión y aberración en algunos casos, él sigue su camino sabiéndose sostenido por el mismo Dios que lo llamó y lo eligió para servir a sus hermanos, para hacerlo presente en su persona y para inundar el mundo con el amor que solo de Dios proviene.

En su camino pareciera que fue una vida inútil, un desgaste erróneo que no tuvo ninguna recompensa, que solo sirvió de ayudas inmediatas que fácil se olvidaban, que en otros casos solo fue merecedor de burlas y diversiones, pero al final de sus días se verá que cada minuto que desgastó por el Reino de los cielos tuvo su dichosa y satisfactoria recompensa, pues su testimonio creíble y cercano hizo hablar a los mudos, incorporarse a los tullidos, ver a los ciegos y a todos proclamar que el Nombre de Dios merece la gloria por los siglos.

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