IglesiaSantosVida con sentido

Una mujer con los pantalones bien puestos

Santa Teresa de Ávila

Este día celebramos en la Iglesia universal a santa Teresa de Ávila, la gran reformadora, la mujer mística, y Doctora da la iglesia. Esta gran mujer se enfrentó al sistema, pero valientemente, unida en plena intimidad con Dios su Señor, dio a toda la cristiandad un modelo de vida cristiana.

Teresa desde temprana edad fue cultivando virtudes cristianas, que a su debido tiempo la harían caminar de la mano de Cristo en el servicio a la Iglesia. Cuando era joven perdió a su madre, justo a los catorce años, quedaría sin los cariños de su amada madre, para lo cual pronto tomo a María Santísima, como su madre que la ayudaría a buscar agradar a Jesús.

Aun con su salud quebradiza y con la oposición de su padre, ingresó al convento de la Encarnación en Ávila, donde antes de hacer votos perpetuos fue gravemente enferma; en esos momentos de enfermedad, pudo tener un encuentro íntimo con Dios que, desde el sufrimiento corporal, la prepararía para las pruebas espirituales que vendrían más tarde.

Teresa gozaba de una amabilidad extraordinaria que la hacían ser simpática y muy amiguera, lo que le distraía demasiado en su oración mental, de hecho, ella misma se justificaba por su supuesta enfermedad, tenía esta falta de concentración en una de las principales actividades de todo consagrado, orar sin desfallecer. Pero a pesar de todo nunca la abandonó.

Cuando ella dispuso su alma para el encuentro con Cristo en la oración, día con día su oración fue siendo parte de su vida, no como una imposición sino como un deleite para su alma. Tuvo grandes frutos, como fue la seguridad en su caminar y algunas revelaciones que suscitarían problemas internos, que le entristecían profundamente; aridez espiritual de un modo desolador.

Superando estas adversidades que en ocasiones en la vida espiritual son permitidas para enriquecer a la persona y aumentar de una forma extraordinaria la fe, en Santa Teresa la fue llenando de una claridad de espíritu, capaz de discernir la voluntad de Dios no sólo para su vida sino para la misma comunidad religiosa a la cual pertenecía.

Ante la ligereza con que se estaba llevando la vida religiosa, Teresa fue promoviendo una vivencia más austera y apegada a los consejos evangélicos, por lo que provocó una revuelta y con el apoyo de san Juan de la Cruz, hizo la diferencia del Carmelo entre calzadas y descalzas, entre las que vivirían la regla de una forma extraordinaria y las que prefería vivir una vida laxa y vacía espiritualmente.

¡Cuántas mujeres valientes nos hacen falta como Teresa! No sólo en la vida religiosa, sino en la misma Iglesia. Debemos aprender de esta gran mujer reformadora, la virtud de la tenacidad como fuerza que emana del mismo Evangelio, de la fuerza liberadora de Cristo.

En nuestros días como en los días de Teresa, los reformadores, los que quieran traer la vivencia del Evangelio al píe de la letra, siempre serán criticados, apedreados con palabras que desmeritan sus actos y palabras y que los equiparán como falsos, incluso como un apostata.

Gracias Teresa por mostrarnos el camino para vivir una reforma en la Iglesia, necesaria a la que el mundo está necesitado, si todos nos reformamos el Evangelio volverá a ser la voz del que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.

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