Fe y VidaVLOGS

Tres consejos para luchar con tu pecados

¿Por qué construir un castillo? Un castillo se construye para defenderte de un enemigo que esta al asecho. En este Vlog quiero contarte qué me ha sucedido a mí en la lucha contra mis pecados. Compartiré cuales son las tres fortalezas que debes cuidar para poder llevar una vida espiritual sólida, ya que en nuestra vida cristiana es muy importante construir fundamentos sólidos. No basta con nuestros esfuerzos humanos, aunque son muy importantes también, pero es necesario ser fuertes en nuestro interior, en nuestro espíritu.

Todas las personas han experimentado en alguna parte de su vida dificultades, sequedades, desiertos, pérdida de fuerzas, etc. Si nuestro espíritu está fuerte podremos encontrar la «perfecta alegría» y la paz, en la presencia fuerte y actuante de Dios en nuestra vida, la alegría de sabernos amados por Él, que no ha rehusado someterse a la cruz por nosotros. Si aquí sabemos vivir alegres hacemos realidad las palabras que se recogen en la carta de San Pablo a los Corintios: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte».

Yo quiero que te preguntes siempre y en todo momento ¿En qué estoy cimentando mi vida para enfrentar mis problemas? ¿Sobre qué está cimentado nuestro corazón? Porque en la medida en que tu interior se encuentre con pilares y cimientos sólidos podrás enfrentar las adversidades que se te vayan presentando.

Muchas veces nuestra vida no encuentra felicidad y plenitud, debido a que los cimientos de nuestra vida se encuentran en cosas materiales, terrenas y caducas; mientras que Dios nos invita a que nuestra vida se encuentre cimentada únicamente en Él. Lo sé, es muy difícil, pero por mi propia experiencia te puedo asegurar que confiar en Dios es lo mejor que puedes hacer.

Debemos aprender a confiar en Él, a la vez que a desconfiar de nosotros mismos. Esto lo digo porque, a diferencia de Dios que es el Creador de todo, nosotros, que somos seres creados e imperfectos, no tenemos las respuestas a todo, no conocemos todo, ni siquiera nos conocemos nosotros mismos a la perfección. Muchas veces nuestra vanidad y nuestro orgullo nos hacen creer que tenemos todas las respuestas, que las podemos de todas a todos, y cuando llegan las circunstancias adversas de la vida, nos damos cuenta de que hay algo más grande que nos abarca. Es, pues, momento de recurrir a Dios y ponerlo a Él como nuestro único cimiento.

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