MAGIA

Transparentar a Dios

Sólo un corazón limpio y que se deja llevar por la verdad puede hacer que el amor de Dios se transparente. Cuando nuestra vida y nuestro interior se encuentra obscurecido por el pecado, la imagen de Dios en nuestra vida no puede transparentarse para los demás. Además, el mundo de hoy está cansado de palabras… No quiere oír, quiere ver… Más que hablar de Dios, se necesitan testigos, personas que lo hagan “visible”, que lo transparenten con sus actos de amor y misericordia.

Cuando un cristiano vive su fe de manera recta, alegre y con generosidad, siempre será capaz de transmitirlo a los demás. El cristiano no puede tener escondida su fe, debe ser fermento en donde quiera que Dios lo ponga: en la escuela, en la familia, en el matrimonio, en el trabajo, con los amigos, etc. Dice el Papa Francisco que “la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios se transparenta, se ve. El cristiano no puede tener escondida su fe, porque transluce en cada palabra, en cada gesto, incluso en los más simples y cotidianos: transluce el amor que Dios nos ha dado mediante Jesús”.

Quien se encuentra con Cristo vive siempre feliz. Dice el Papa que “quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, permanece fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez”.

¿Cómo podemos transparentar a Dios? En una sociedad secular, donde Dios parece estar ausente y haber sido desterrado, donde lo trascendente es una dimensión ignorada, estamos llamadas a transparentar de manera amorosa, comprensible y exagerada la primacía absoluta de Dios. En un mundo injusto y excluyente, que tiende a abandonar en la orilla del camino a muchos hombres y mujeres, debemos ser profecía, voz de los que no tienen voz, presencia solidaria de un Dios compasivo, comprometido en la causa de sus hijos. En un mundo huérfano y herido, somos enviadas a ser el rostro amable de un Dios Padre–Madre que acoge a todos con ternura.

Ser un icono de Dios, transparentar su presencia cercana y solidaria, tierna y compasiva sólo es posible desde una honda experiencia de Dios a través de la oración y los sacramentos. Quien ha experimentado su amor cercano y misericordioso, su ternura y su perdón, se convierte en cauce de amor y compasión, de ternura y misericordia. Esta experiencia, renovada día a día, va abriendo nuestros ojos para descubrir su presencia en todo y en todos, para mirar al mundo con amor, para acoger a todos con ternura, para ser transparencia de Dios en el mundo. Ésta es nuestra razón de ser, nuestra misión más profunda.

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