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Tiempos difíciles, bendición especial

Bendición Urbi et Orbi por el COVID-19

Ante la devastadora realidad que afronta nuestro mundo por el COVID-19, la esperanza parece que ha muerto, que la fe se ha quedado en el pasado, que la alegría por vivir se va extinguiendo conforme se va expandiendo este letal virus.

Pero, ¿Cómo Iglesia también hemos perdido la fe? Claro que no, tenemos puesta la esperanza en Cristo, es el Señor quien nos sigue animando a continuar esta travesía y ha poner las condiciones necesarias para que la fe de las personas siga teniendo luz.

El Papa Francisco ha tenido iniciativas para rogar a Dios por esta enfermedad, y ha convocado a unirse en oración juntos como humanidad y poder rogarle a Dios que tenga piedad de nosotros y del mundo entero.

La bendición Urbi et Orbi, llamada así como es costumbre en la Iglesia, por las palabras iniciales que el Papa realiza al bendecir a la ciudad de Roma y a la mundo con una bendición especial; pero esto también se debe a que eran la fórmula habitual con la que empezaban las proclamas del Imperio Romano.

Esta bendición la imparte el Sumo Pontífice, él y sólo él tiene esa facultad, se imparte durante el año siempre en dos fechas: el Domingo de Pascua y el día de Navidad, 25 de diciembre.

Se hace desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, llamado por eso Balcón de las bendiciones, adornado con cortinas y colgantes, y con el trono del Papa colocado allí, y para ella el Papa suele revestirse con ornamentos y va precedido de cruz procesional y acompañado de cardenales-diáconos y ceremonieros. También es impartida por el Papa el día de su elección; es decir, al final del cónclave, en el momento en que se presenta ante Roma y el mundo como nuevo sucesor de San Pedro.

Este momento de oración y bendición tiene una particularidad muy especial, y es que el Papa como sucesor de san Pedro imparte junto con su bendición la indulgencia plenaria lo que debemos recordar según el Catecismo de la Iglesia Católica: «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que los fieles, debidamente dispuestos y bajo ciertas condiciones, adquieren por la intervención de la Iglesia, la cual, como ministro de la redención, dispensa y aplica con autoridad el tesoro de la satisfacción de Cristo y de los Santos», por lo que ante esta pandemia el Papa quiere acercar la salvación a todos.

Dado que la indulgencia plenaria remite completamente esa pena debida, el fallecido sin haber caído nuevamente en pecado no ha de pasar por el Purgatorio y accede directamente al cielo.

Según la misma fuente, los efectos de la bendición Urbi et orbi se cumplen para toda aquella persona que la reciba con fe y devoción, incluso si la recibe a través de los medios de comunicación de masas: televisión, radio, internet.

En sus mismas palabras el Papa Francisco nos ha invitado a todos a acompañar este momento especial para arrodillarnos ante Dios y suplicarle el final de esta peste: “Presidiré un momento de oración en el atrio de la basílica de San Pedro. Con la plaza vacía. Desde ahora, invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación”.

Unámonos y oremos juntos.

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