Vida con sentido

Su padre no lo ayudó en el momento que más lo necesitaba

Miguel es un joven que actualmente reside en la ciudad por motivos laborales, pero sus raíces pertenecen al pueblo donde viven sus padres. Cada fin de semana procura visitarlos en su granja, ubicada en medio de las montañas. Poderse desconectar por unos días del agobiante ritmo de la ciudad, es una medicina para cualquiera.

En una ocasión, después de pasar un maravilloso fin de semana, Miguel salió de casa rumbo a la ciudad, era tarde y la lluvia comenzó a caer. Ya encaminado, se dio cuenta de que el camino se comenzaba a tornar difícil por la fuerte lluvia que azotaba esa noche.

A la mitad del trayecto, vio cómo el lodo que se formaba por el agua se volvía cada vez más denso y hacía muy difícil seguir avanzando. Hasta que, los neumáticos de su auto, ya no respondieron, los intentos por acelerar eran inútiles, se habían atascado entre el fango.

Desesperado, Miguel se bajó del coche y bajo aquella fuerte lluvia, intentaba desatascar las llantas de su auto, pero la hazaña era imposible para un solo hombre. Se hacía cada vez más tarde y el joven hablaba con insistencia a sus padres, quienes no respondían al teléfono.

El camino era oscuro e inseguro y el aguacero dificultaba que alguien pudiera acudir en su ayuda. Miguel ya se había resignado a no llegar a la ciudad esa noche.

A las horas, las luces de un auto alumbraban la oscura carretera donde estaba el coche del joven. De inmediato, Miguel se bajó del coche y comenzó a hacerle señas para que se detuviera, pero el auto no parecía reducir su velocidad. Al contrario, pasó de largo al lado de aquella escena.

Cuál fue la sorpresa del joven cuando entre la lluvia logró identificar aquel vehículo, era el de su padre ¿Por qué no se detuvo? ¿Acaso no lo identificó? De inmediato marcó al celular de su padre, pero él no respondía.

Desconcertado y sin entender lo que había pasado y porqué su propio padre lo había abandonado en medio de aquella oscura carretera. Siguió marcando a casa pero no obtenía respuesta alguna de sus padres.

De pronto, volvió a ver unas luces de un gran tractor que venía de regreso. Empapado, volvió a descender del auto y comenzó a llamar la atención de aquel tractor que inmediatamente se detuvo a su lado.

No podía creerlo, eran sus padres los que bajaban de la máquina. Lo primero que hizo fue llenar de reclamos a su padre de por qué no se había detenido la primera vez. Él le explicó que si ya lo había visto, pero por el denso lodo que había en el camino tenía que acelerar para poder pasar y no quedar también atorado. Le dijo también que el tractor se lo había prestado un amigo que vivía más adelante, sólo así podría rescatar a su hijo.

¿Cuántas veces has pedido ayuda a Dios y parece que no te responde? Pensamos, incluso, que hasta nos ha abandonado y que no le importamos. Pero esto no es así. Dios siempre nos escucha y está al pendiente de cada uno de nosotros. Sus planes son perfectos, pero no llegan en el momento y del modo que nosotros esperamos. Dios siempre llega a tiempo, él no nos abandona. Confía en Él y recuerda sus palabras: “Pero, ¿puede una mujer olvidarse del niño que cría o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti” (Is 49, 15).

Show More
Close