ReflexionesVida con sentido

¿Quieres superar tus límites? Mira esta historia

En un pequeño poblado de la ciudad de Kansas, Estados Unidos, había una escuela rural muy humilde. Los alumnos se turnaban cada mañana para llegar temprano al salón a encender una vieja estufa de carbón que calentaba el aula, antes de que sus compañeros y profesor llegaran.

Una mañana, tocó el turno de Glenn, pero las cosas se salieron de control. Un accidente provocó que la escuela fuera arrasada por las llamas. Al llegar el resto del grupo, lograron sacar al pequeño en estado inconsciente. Según los médicos, el fuego voraz había provocado graves quemaduras en ambas piernas.

Ya en la cama del hospital en estado semi inconsciente, Glenn logró escuchar cómo el médico advertía a su madre sobre los efectos negativos que habría de traer tal accidente. Decía que, debido a que el fuego destrozó sus extremidades inferiores, no podría volver a caminar por sí mismo. El pequeño, además de esforzarse por sobrevivir, se prometió a sí mismo que volvería a caminar.

Cuando fue dado de alta, descubrió que sus piernas no respondían a sus esfuerzos por mantenerse de pie. Su madre que conservaba la esperanza de verlo andar por sí solo, todas las noches le masajeaba ambos muslos por largos ratos, pero parecía inútil pues no había sensación alguna. A pesar de eso, Glenn no perdía la esperanza de ponerse de pie otra vez.

El pequeño pasaba los días en una silla de ruedas en el patio de su casa, hasta que una tarde, ahogado en desesperación, se dejó caer en el pasto y comenzó a arrastrarse por el césped hasta llegar a los postes que cercaban el jardín. Una vez que pudo ponerse de pie, se sujetaba en cada poste y con mucho esfuerzo intentaba mover sus piernas.

Todos los días repetía este ejercicio hasta que poco a poco sus pies comenzaban a responder. Pasó el tiempo y gracias a su perseverancia, con los masajes y las oraciones de su madre, logró primero ponerse de pie, luego caminar y finalmente pudo correr.

Una vez que recuperó sus actividades disfrutaba correr de camino a la escuela. Hasta se animó a inscribirse en el equipo de carrera sobre pista de su universidad. Este joven que ante los diagnósticos médicos no podría volver a caminar se convirtió en el mejor atleta americano que corrió la milla en el menor tiempo posible. Mejor conocido como Glenn Cunningham, el caballo de hierro de Kansas.

Los límites son humanos, pero para quien tiene confianza en sí mismo y en Dios, podrá alcanzar todo lo que se proponga. Habrá que poner esfuerzo y dedicación. No te desesperes, mejor confía. No olvides lo que dice la Palabra de Dios: “Los que en Él confían recuperan fuerzas, y les crecen alas como de águilas. Correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse” (Isaías 40, 31).

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