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¿Quién es un Diácono?

En muchas de las celebraciones solemnes de las que he participado y que han sido presididas por el Obispo, normalmente siempre participan algunos diáconos, además de los sacerdotes concelebrantes. La participación de los diáconos es especial, ya que no lo hacen como meros acólitos, sino como ministros ya ordenados. Hoy quiero compartirte qué es un diácono.

La Iglesia nos enseña que existen tres grados dentro del orden ministerial del Sacerdocio: Obispos, sacerdotes y diáconos. Quien ha sido ordenado diácono es sacerdote en primer grado, es decir; no es sacerdote en plenitud, por lo tanto, carece de las potestades sacramentales para celebrar la eucaristía, confesar, confirmar y otorgar la unción de enfermos. De modo que, son ordenados para el ministerio de los diáconos, como paso previo para la ordenación presbiteral. Hasta entonces, su función primordial es ayudar al obispo y al sacerdote en las celebraciones.

Así lo establece el Catecismo de la Iglesia Católica: “Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad” (CEC 1570).

Desde el Nuevo Testamento podemos descubrir el origen del diaconado, esto en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 6, 1-6), cuando se nos narra cómo los Doce apóstoles ordenaron e impusieron las manos a siete hombres para servir y ayudar. Hay que agregar que, aunque en ese pasaje, el autor no da el nombre de diáconos a los siete hombres que fueron elegidos, la palabra “servicio” (diakonía en griego), se repite con frecuencia. Por lo tanto, diácono significa “el que sirve”.

Quien fue ordenado diácono, ha sido marcado con un sello indeleble que nadie le puede quitar ni hacer desaparecer, ha sido apartado para Dios. De ahora en adelante, está llamado a imitar a Cristo en el servicio a los demás, quien vino a servir y no a ser servido (Mc 10, 45). Por eso, al ser ordenados diáconos, previo a recibir el orden presbiteral, prestan su servicio en parroquias durante un determinado tiempo.

Hay que aclarar que los sacramentos que un diácono puede presidir son: el Bautismo y asistir en el Matrimonio, siendo el testigo cualificado del Matrimonio, no celebrar la Eucaristía.  Además de que pueden proclamar el Evangelio, predicar, bendecir los objetos religiosos y presidir también las exequias de los difuntos.

Dentro de la Iglesia existen dos tipos de diaconados: el transitorio y el permanente. Los transitorios son los que, tras haber recibido la formación necesaria, ostentarán dicho grado por un tiempo determinado, hasta que sean ordenados sacerdotes por manos del Obispo. Por su parte, el diaconado permanente puede ser concedido a hombres casados y esto sólo es para las Diócesis donde hay gran carencia de sacerdotes, para que puedan celebrar los bautismos, hacer celebraciones de la Palabra y asistir en el sacramento del Matrimonio.  

Debe ser un hombre que goce de aprobación de la comunidad, respetuoso, caritativo, servicial y responsable. Para poder ser diácono permanente, el postulante deberá contar con la aprobación del obispo y de su cónyuge, quien deberá manifestar su consentimiento mediante un escrito dirigido el Obispo.

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