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¿Quién es la Inmaculada Concepción?

En la Iglesia Católica hoy celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción de Nuestra Madre la Virgen María. Pero ¿qué significa esta celebración litúrgica? La palabra “Inmaculada” significa intachable, puro, sin mancha. Por su parte, la palabra “Concepción”  es sinónimo de  ser engendrado o fecundado en el seno de una mujer.

Por lo tanto, con esta festividad queremos decir que la siempre Virgen María, en contraste con los demás seres humanos, fue concebida sin la mancha del pecado original, herencia de nuestros primeros padres Adán y Eva. Esto, desde el primer momento en que fue concebida en el vientre de su madre, Santa Ana.

Así lo declaró la Iglesia en 1854, a través del Papa IX, con la proclamación de la Bula Ineffabilis Deus de la que comparto el siguiente párrafo: “Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano” (Ineffabilis Deus, 18).

Declaración que en 1858 sería confirmada por Nuestra Señora en la advocación de Lourdes, cuando, ante la pequeña San Bernardita, se presentó a sí misma, diciendo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Ahora bien, no hay que confundir la Concepción sin mancha de la Virgen María con la Concepción de Jesús en el vientre de su madre. La concepción de Nuestro Señor sucedió por obra del Espíritu Santo que se encarnó en el seno de María. Es decir, la Virgen no concibió a Jesús de un modo natural, por la participación de San José su esposo. En cambio Santa Ana, madre de María, sí la concibió de forma natural, con la participación de San Joaquín, su padre.

María, por ser elegida para engendrar al Hijo de Dios, debía ser favorecida con gracias especiales a diferencia de todos los hombres; entre ellas, la de permanecer libre del pecado. Así lo afirman las Escrituras al plasmar las palabras del saludo del ángel a María: “Llena eres de gracia, el Señor es contigo” (Lc 1, 28).

Ese “Llena de gracia” en el término griego es kecharitomene que quiere decir que está “totalmente agraciada”. La gracia es entendida como la comunión directa de Dios en la vida del hombre. Por la gracia, somos semejantes a Dios, de manera que, la Virgen desde antes de la anunciación, ya estaba llena de esa gracia, la misma que la acompañó toda su vida.

Para poder explicar de forma sencilla este dogma pensemos en una persona que se ha caído dentro de una fosa profunda y al ser rescatada y salir de ella, se dice que ha sido salvada de morir, del mismo modo una persona que es resguardada de caer en aquella fosa podemos decir que ha sido también salvada. La Virgen María fue preservada de la mancha del pecado original de la misma forma.

Así lo confirma el Catecismo de la Iglesia Católica: “De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, “llena de gracia”, es “el fruto más excelente de la redención”; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida” (CEC 508).

Termino con las palabras del Papa Francisco en el rezo del Ángelus en el marco de la celebración de la Inmaculada Concepción en el año 2015: “La Inmaculada Concepción significa que María es la primera salvada por la infinita misericordia del Padre, como primicia de la salvación que Dios quiere donar a cada hombre y mujer, en Cristo. Por esto la Inmaculada se ha convertido en icono sublime de la misericordia divina que ha vencido el pecado”.

 

 

 

 

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