DIOSLa Charla Dominical

¿Qué tanto nos dejamos conducir por la verdad?

Charla Dominical

Queridos amigos, hoy es un día de fiesta, porque como todos los Domingos, celebramos a Cristo que nos alimenta con su Palabra y la Eucaristía. Pero, además, estamos muy alegres porque celebramos a Jesucristo como Rey del Universo, lo cual nos invita a que también nosotros reinemos a través del amor y la vivencia de la verdad.

Lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en un rey, podrían ser los lujos, el dinero, el poder, un gran palacio, mucha servidumbre a sus pies o un montón de reglas, como parte de un protocolo real. Pero con el reinado de Jesucristo es totalmente diferente, ya que su reino no es de este mundo, no está configurado con los estándares del mundo, sino con las exigencias de su Padre Dios.

En el Salmo de hoy, tomado del 92, hemos escuchado: “Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa”. Aquí encontramos la característica principal del reinado de Cristo: LA SANTIDAD.

Jesús, como rey, no está adornado de joyas, lujos o poder; sino que su adorno, es decir, su reflejo exterior de lo que vive en su interior, es la santidad, la entrega, el amor total. Ya esto nos comienza a cuestionar mucho: ¿Qué reflejo con mis actitudes? ¿Cómo me perciben los demás en mi diario vivir? ¿Qué es lo que más me preocupa en la vida y a lo que más le dedico tiempo?

Por su parte, en el Evangelio de este Domingo, vemos a un Jesús que está preso y es interrogado por Pilato. Qué aparente contradicción, un rey preso. Se nos muestra a un Jesús ignorado, rechazado, entregado injustamente; pero, en su respuesta, descubrimos una invitación de Dios: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí”. Jesús tiene razón, su reinado no es de este mundo, no es de fuerza, de tiranía, de ambición; sino que es un reinado de amor.

Además, nos dice algo muy fuerte y que debe ser para cada uno de nosotros algo que nos confronte: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Por eso hay que preguntarnos ¿qué voces son las que hoy guían y dirigen mi vida?

Seguir a Jesucristo y reconocerlo hoy como nuestro rey, implica asumir todo lo que conlleva su reinado. A veces sólo lo queremos como una figura decorativa en nuestra vida, pero no dejamos que sea verdaderamente quien guíe nuestros pasos.

Debemos aceptar todas sus exigencias e imitarlo. Hoy nos propone un reto muy claro: ser testigos de la verdad. ¿Qué tanto nos dejamos conducir por la verdad? ¿Vivimos en una serie de mentiras o engaños en nuestra vida? ¿Vivimos satisfechos con el engaño y nos hemos amoldado a él?

El reinado de Jesús no se fundamenta, pues, ni en el miedo ni en el poder, sino en la constante invitación a vivir amándonos, perdonándonos, sirviéndonos mutuamente; pero, sobre todo, viviendo en la verdad. Seamos humildes y reconozcamos qué guía en este momento mi vida, aceptemos los criterios que Jesús hoy me pide y llevemoslos a la práctica.

 

 

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