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¿Qué son los Sacramentos?

A diario nos cruzamos con signos y símbolos que, al sustituir a las palabras, nos comunican diversos mensajes. El semáforo, los señalamientos en la calle, los emoticones en el celular, las letras, los números, etc. Todos ellos permiten el desarrollo y la convivencia social entre los hombres. De igual forma, Jesús ha querido utilizar signos y símbolos para comunicarnos su gracia.

Dios, desde antiguo, se ha comunicado con el hombre, no solamente a través de palabras, sino también a través de signos y símbolos que le permiten recibir y entender mejor su mensaje. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “En la vida humana, signos y símbolos ocupan un lugar importante. El hombre, siendo un ser a la vez corporal y espiritual, expresa y percibe las realidades espirituales a través de signos y de símbolos materiales. Como ser social, el hombre necesita signos y símbolos para comunicarse con los demás, mediante el lenguaje, gestos y acciones. Lo mismo sucede en su relación con Dios”(CEC 1146).

Asimismo, Dios hace uso de elementos comunes de la vida humana, para demostrar y acreditar su presencia así como su cercanía en toda la vida del hombre. Los  Sacramentos son esos signos y símbolos visibles (agua, aceite, pan y vino) mediante los cuales Cristo se hace presente y cercano entre nosotros.

Ahora bien, los Sacramentos no son solamente signos que significan algo, sino que también causan lo que significan; es decir, en la Eucaristía, por ejemplo, el pan y el vino no solamente simbolizan el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sino que, en la consagración, se convierten verdaderamente en lo que simbolizan, verdadera Carne y verdadera Sangre de Jesucristo, volviéndose así, el alimento espiritual de todo cristiano.

En cada Sacramento, Cristo se hace presente físicamente entre los que participan de Él. Los Sacramentos no sustituyen la presencia física del Señor, sino que la hacen visible a todos. Cristo sigue actuando a través de ellos y en ellos en unión con el Espíritu Santo.

El Concilio Vaticano II a través de la Constitución Sacrosanctum Concilium en su párrafo 7 lo deja claro: “Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz”, sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su fuerza en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza”.

Son siete los Sacramentos que Cristo ha instituido para nosotros. Ayudas que nos servirán para cada momento de toda nuestra vida. Tres son los de la iniciación cristiana, es decir, que la vida del cristiano comienza con el Bautismo, se fortalece con la Eucaristía y llega a su plenitud con la Confirmación. Penitencia y unción de enfermos, también llamados sacramentos de curación, son los que nos sanan y purifican el espíritu. Finalmente, el Orden Sacerdotal y matrimonio, los cuales edifican a la Iglesia.

Nuestra Iglesia, a través del Sacerdote, nos acerca y dispone a cada Sacramento, pero es el Espíritu Santo, quien nos permite recibir la gracia de Dios. Cada Sacramento nos prepara para acércanos más a Dios, nos santifica para así poderlo ver cara a cara. Tomo las palabras de San Ambrosio: “¡Cristo, te me has manifestado cara a cara; te encuentro en tus Sacramentos!”.

 

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