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¿Qué relación tiene la cena pascual de los judíos con la Pascua de Cristo?

Cristo cordero inmolado

El libro del Éxodo en el capítulo 12, 21-27 nos da el ambiente pascual de los hebreos, que en busca de un libertador, de un Dios que se apiade de su condición denigrante y que les libere de la apesadumbrada esclavitud que el Faraón egipcio imponía sobre ellos. En este entorno es Yahvé quien suscita una comida pascual, que tengan un sacrificio liberador, el animal macho, de un año y sin defecto será sacrificado para con su sangre marcar al pueblo oprimido.

El gran valor de la sangre de este animal inmaculado será la referencia para el ángel exterminador, para que Yahvé se muestre glorioso con su pueblo. Como todas las religiones antiguas, la religión israelí reconocía a la sangre un carácter sagrado, pues la sangre es la vida y todo lo que afecta a la sangre está en estrecha relación con Dios, único señor de la vida. Esta será la gran víctima de libertad que marcará el fin de la esclavitud en Egipto.

La pascua fue instituida por el mismo Yahvé para que el pueblo recordará el gran prodigio que tuvo Dios para con el pueblo “Por su mano poderosa, Yahvé nos ha hecho salir de Egipto, de la morada de la esclavitud” (Ex 13, 14).

Esta brillante caridad para un pueblo al cual Yahvé le prometió varios siglos antes su particular protección será la antítesis de la verdadera pascua, de la que el mismo san Pablo se servirá para hablar de Cristo, cordero pascual. Sin igualarlo en lo mínimo pues es necesario tener en claro la gran distinción de la pascua judía, como liberación de la esclavitud del pueblo opresor, y de la Pascua de Cristo que será una oblación perfecta la cual no solo nos liberará de la esclavitud de un pueblo, sino que será una gran liberación del pecado que como consecuencia nos trae la muerte eterna.

Cuando el Apóstol habla de Cristo como nuestro Cordero pascual, tiene en cuenta lo que anteriormente hemos dicho y nos trata de exhortar que nosotros, los que ya hemos sido salvos por la Sangre inmaculada del Salvador, debemos de vivir en una continua pascua en donde para estar en sintonía con tan gran beneficio, es necesario abstenernos de toda levadura material y espiritual que nos separé de este festín.

Desde el punto de vista teológico podemos concluir que es un mandato moral, pero si nos adentramos a la esencia de este sacrificio que nos obtiene la salud descubrimos que sin el sacrificio de Cristo no fuese ni siquiera posible darle una connotación moral a sus palabras.

Al ser Cristo el Cordero pascual, es necesario remitirnos a la Cena pascual en que al modo judío, el Señor instaura su pascua, es que la cena pascual es el símbolo del sacrificio sangriento del Calvario. Es ahí donde el Maestro instituye el Memorial de su sacrificio, es ahí donde se renueva la antigua Alianza que fue sellada con la sangre de los machos cabríos y que les trajo la libertad de los hijos de Dios, pero que con la comida pascual de Cristo todo tomará sentido, todo podrá interpretarse desde la fuerza de la Cruz.

San Pablo inserta la Cena pascual muy unida en la muerte de Cristo pues lo que él ha recibido lo ha conservado con su mismo carácter tradicional, y del mismo modo lo comunica hasta la parusía de nuestro Señor. El valor sacrificial de la comida pascual emerge por el sacrificio que representa, de ahí en adelante ya no se necesitaran más sacrificios de corderos pascuales pues Cristo ha sido la mejor ofrenda sacrificial, una ofrenda agradable al Padre con la cual se reconcilia a toda la humanidad existente antes y después de dicho evento.

Teniendo esto en cuenta podemos entender la determinante decisión que 1 Co 5, 6-8 nos presenta en donde el incestuoso se ha apartado de los beneficios del sacrificio pascual de Cristo y merece que se le excluya, hasta por el propio bien del individuo porque este sacramento de salvación, también explica san Pablo que es comida de condenación para quien lo ingiera  indispuestamente “Por tanto quien coma el pan o beba del cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y la sangre del Señor. Así que cada cual se examine interiormente antes de comer el pan o de beber el cáliz, pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condena”.

Esta comida da unidad a los cristianos es digna de tratarse santamente pues en Cristo inmolado se nos entrega en plenitud la economía de salvación, ya que somos merecedores de los beneficios futuros por la inserción que Cristo nos ha hecho y uno de ellos palpable aquí en la tierra es el poder participar de este banquete.

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