DIOSLa Charla Dominical

¿Qué estamos esperando para ser felices?

Charla Dominical

Queridos amigos, ¡Año nuevo, vida nueva! En este Domingo estamos iniciando un nuevo año en la liturgia, y lo hacemos preparándonos en nuestro corazón para recibir al Salvador, quien viene a liberarnos de todas nuestras esclavitudes, para poder vivir en el verdadero amor.

Muchas veces vamos por la vida, creyendo que somos totalmente libres y que no tenemos ninguna atadura que nos amarga la existencia. Pero basta echarnos un clavado al corazón y podemos descubrir algunas cosas interesantes: heridas que recibimos cuando éramos pequeños, humillaciones que nos han hecho desenvolvernos temerosos y desconfiados, relaciones que no nos satisfacen y son una carga insoportable, un trabajo que no me llena y me hace vivir frustrado, etc.

¡Cuánta necesidad de liberarnos tenemos todos nosotros! Debemos tener valentía y coraje para soltar esos costales que llevamos cargando, los cuales nos cansan, nos ensucian y nos amargan la vida. Hoy, en el Evangelio de Lucas, nos habla precisamente del Hijo del Hombre que viene a liberarnos de todo esto, diciéndonos: “Verán venir al Hijo del Hombre en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levántense, alcen la cabeza; porque ya se acerca vuestra liberación”.

¡Cuánta razón! Cuando nos dice levántense y alcen la cabeza lo dice, porque cuando vamos esclavos de todos nuestros pecados, ataduras, heridas, vicios y resentimientos… no tenemos fuerzas propias, vamos caminando agachados, tristes, desmotivados, con la cabeza agachada y la vista hacia el suelo. Pero estamos felices porque ya se acerca la liberación.

Estamos iniciando el adviento, tiempo de reflexionar qué hemos hecho y qué nos falta por hacer. Adviento significa venida, llegada; y tiene como objetivo que nos preparemos para el que va a llegar, Cristo Jesús, nuestro libertador.

La preparación que debemos de hacer va en dos sentidos: individual y comunitario. Lo primero, en cuanto que llevamos todas esas esclavitudes que nos atan y que, además, como dice también hoy el Evangelio: “Tengan cuidado, no sea que se emboten vuestros corazones, con fiestas, borracheras y las inquietudes de la vida”.

Alguien con el corazón embotado será incapaz de reconocer al Señor que viene; al tener la mente y el corazón embotados… cantará villancicos, pondrá arbolito de navidad, muchas luces y regalos, pero no habrá esperanza. Porque cuando nuestra mente está ocupada en los vicios, el poder, la egolatría y el dinero, no esperará nada y no entenderá nada.

La preparación también debe ser comunitaria. San Pablo nos dice: “Que el Señor los colme y los haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos”. También cuántas esclavitudes sociales, políticas, religiosas, etc. Todas éstas también necesitan extirparse para que, como pueblo, como Iglesia, como Comunidad, nos encontremos con Dios.

¿Qué estamos esperando para ser felices viviendo en la auténtica libertad? ¿Acaso, esperamos que los problemas se terminen? ¿Qué los otros cambien? ¿Qué llegue lo que queremos? ¿Qué se acabe la crisis económica? ¡Despertemos hermanos! El Señor viene a liberarnos, pero esta liberación comienza en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros. Decidámonos a ser libre, abriéndole el corazón a Cristo que viene.

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