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¿Qué es un Sínodo de obispos?

¿Cómo podemos participar?

Por estos días se está llevando en la Iglesia universal el Sínodo de los obispos. Cientos de obispos de todo el mundo en comunión con el Papa Francisco, se han reunido en el Vaticano con una intención concreta. En este año buscan mejorías para la comunidad de creyentes, siendo fieles a la Doctrina y a la Tradición que, por más de dos mil años, ha custodiado el Espíritu Santo.

Pero no podemos avanzar sin conocer con seguridad que es un Sínodo. Un Sínodo de obispos es una reunión de obispos, no como un Concilio Ecuménico, sino que este es “una asamblea de obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los obispos” (Código de Derecho Canónico c. 342).

El Sínodo es un evento prácticamente nuevo en la vida de la Iglesia, ya que fue propuesto por el Concilio Vaticano II en el Decreto Christus Dominus que habla sobre el ministerio pastoral de los obispos en la Iglesia. El decreto establece que el sínodo al hablar en nombre de todo el episcopado católico, manifiesta, al mismo tiempo, que todos los obispos en comunión jerárquica son partícipes de las necesidades de toda la Iglesia.

El Sínodo permite que el Papa trabaje en conjunto con los obispos del mundo entero en conjunto, de modo que, atendiendo a sus responsabilidades como obispos se reúnen en torno a Pedro. Estos obispos son previamente seleccionados por sus Conferencias Episcopales. Hay que tener en cuenta de que el Papa también puede invitar directamente a algún obispo juzgándolo necesario para el tema a discutir.

Hay dos tipos de sínodos principalmente: el sínodo general, que son los que tratan asuntos que se refieren a la Iglesia universal, y los sínodos especiales, relacionados con temas que solo afectan a una región de la Iglesia (c. 345). Los sínodos generales se dividen a la vez en ordinarios y extraordinarios, siendo los ordinarios los más frecuentes y suelen celebrarse en la ciudad de Roma cada tres años.

Después de cada sínodo se ha hecho costumbre que el Santo Padre publique una exhortación apostólica, resumiendo las principales ideas del sínodo y aportando sus propias reflexiones personales en relación con el asunto. Los sínodos se diferencian de los concilios ecuménicos en que, en los concilios, se invita a todos los obispos del mundo, y en el sínodo como ya lo dijimos sólo una representación.

Pero lo más importantes es que los Concilios, como reúne a todos los obispos en torno al Papa con toda su autoridad jerárquica, pueden y deben tomar decisiones en materia de doctrina y disciplina de la Iglesia, y por su parte, en el sínodo los obispos, sólo aportan su opinión y ayudan como organismo consultor para que el Papa, en su momento, de una respuesta con poder jerárquico, tal como le concede el ministerio de ser el sucesor de Pedro.

Nosotros podemos participar en el sínodo de los obispos de una forma activa, siguiendo día con día el resumen de las actividades realizadas, leyendo los documentos que vaya emanando, pero sobre todo orando para que el Espíritu Santo asista a los padres sinodales y continúen guiando la barca de Pedro.

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