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¿Qué es la esperanza cristiana?

En nuestros días encontramos un mundo efímero, “del aquí y del ahora”, que incluso los sociólogos lo han catalogado como la década de la sociedad líquida, en la que se dan unos cambios de conducta tan apresurados y que afectan a cada uno de los que integramos la comunidad humana.

Nuestro mundo vive cada vez más desesperanzado, sin el sentido mismo de su existencia y con una vida extremadamente secularizada, y para esto ha decido ignorar a la Iglesia con sus sermones de una vida futura y eterna, pues lo único que espera es vivir y gozar el momento presente, ya que el futuro es algo incierto.

Nosotros como cristianos debemos decirle al mundo que la esperanza cristiana va más allá de una simple consolación, frente a una serie de adversidades que se viven día con día. La esperanza cristiana es la certeza que podemos tener del Amor de Dios y ésta nace del corazón de la fe que profesamos en un Dios personal que nos ama, que se preocupa por nosotros, que le importamos y nunca nos deja, aún cuando nosotros le dejemos.

Al tener una certeza así, el hombre no tiene menos que saberse afortunado, como poseedor de un tesoro invaluable que no tiene comparación con cualquier otra fortuna, fama o seguridad humana que le permita equiparar a los beneficios que tiene para su misma vida de creyente.

Los pobres, los desprotegidos, los que sufren, los que son martirizados, los excluidos de nuestro tiempo o los marginados son los testimonios vivos que se levantan frente a un mundo pasajero que los oprime y que, en ocasiones, se burla de su fe y de su esperanza. Ellos son los testigos cualificados de una opción libre de cambiar lo vano, lo pasajero y lo efímero; por la felicidad eterna.

Las bienaventuranzas son la carta magna del mismo cristiano, pero en el punto de la esperanza, son la base de la promesa divina de Su asistencia incondicional y del triunfo del saber esperar por el Reino de los cielos.

La esperanza cristiana responde hoy en día a las aspiraciones mas íntimas del corazón que cada uno tenemos, seamos cristianos o no, en el interior de cada corazón se levanta la búsqueda de la felicidad no momentánea y caduca, sino de la plenitud de la misma vida que es Cristo, nuestra esperanza.

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