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¿Puedo confesarme por internet o por teléfono?

Esta es una de las preguntas que con mucha frecuencia me ha tocado leer entre todos los mensajes que recibimos a diario en este portal de evangelización. Por lo tanto, creo que es necesario aclararlo en esta oportunidad.

Empecemos por decir que el Sacramento de la confesión o de la reconciliación fue instituido por el mismo Cristo después de la Resurrección, cuando al soplar sobre sus discípulos les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23). Dando así poder a sus apóstoles para perdonar los pecados a todo hombre en el nombre de Dios. Tarea a la que la Iglesia, a través de la sucesión apostólica, se ha mantenido fiel.

En cada Sacramento, Cristo se hace presente físicamente entre los que participan de Él. Por lo tanto, en el de la confesión, la presencia del sacerdote no sustituye la presencia física del Señor, sino que la hacen visible y cercana al penitente. Cristo sigue actuando a través de él y en él en unión con el Espíritu Santo.

Ahora bien, la confesión directamente frente al sacerdote implica un proceso personal y directo que debe terminar en el arrepentimiento sincero y en la reparación por parte del pecador. El penitente que se confiesa debe manifestar su arrepentimiento y pedir el perdón de sus pecados, elementos esenciales para poder recibir así la absolución de sus faltas. “No debe negarse ni retrasarse la absolución si el confesor no duda de la buena disposición del penitente y éste pide ser absuelto” (CIC 980).

Un elemento importante dentro de este sacramento es la presencia física del arrepentido ante el confesor. Por lo tanto, cualquier tipo de confesión que no sea presencial no tiene validez alguna. Así lo establece la Iglesia cuando dice: 

Denzinger-Schonmetzer. De la absolución del ausente
[Del Decreto del Santo Oficio, de 20 de junio de 1602]. 1994.- El Santísimo… condenó y prohibió por lo menos como falsa, temeraria y escandalosa la proposición de que es lícito por carta o por mensajero confesar sacramentalmente los pecados al confesor ausente y recibir la absolución del mismo ausente y mandó que en adelante esta proposición no se enseñe en lecciones públicas o privadas, en predicaciones y reuniones, ni jamás se defienda como probable en ningún caso, se imprima o de cualquier modo se lleve a la práctica. (Entiéndase Santísimo como el Santo Oficio)

Asimismo, la Iglesia, a través del documento “La iglesia e internet” elaborado por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, dice: “No existen los sacramentos en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ahí por la gracia de Dios son insuficientes si están separadas de la interacción del mundo real con otras personas de fe” (9).

Por lo tanto, queda claro que una confesión por internet, llamada, video o por escrito no tiene validez. Ya que nada podrá reemplazar los buenos frutos de un encuentro personal y fraterno. De tal modo que si deseas confesarte, busca a un sacerdote cercano a tu comunidad. Pues como dice el Papa Francisco: “En la celebración de este sacramento, el sacerdote no representa sólo a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que le alienta y le acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana” (Audiencia General, miércoles 19 de febrero de 2014).

 

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