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¿Por qué celebramos el día de Todos los Santos?

Cada primero de noviembre en la Iglesia recordamos a todos los santos y santas que gozan de la presencia de Dios. Pero ¿Cómo y por qué nació esta celebración? Veámoslo.

Esta fiesta tiene un origen que se remonta a los inicios de la Iglesia. Los primeros santos que fueron recordados en las distintas celebraciones eran los mártires, comenzando por los mismos apóstoles. Debido a las interminables persecuciones que han sufrido los cristianos a través de los años, poco a poco fue aumentando el número de hombres y mujeres que daban testimonio de su vida hasta la muerte. De tal suerte que, para la Iglesia, era difícil asignar un día del año para cada uno de ellos.

No fue sino hasta el año 732 que el Papa Gregorio III celebró, por primera vez, el primero de noviembre una ceremonia en honor de todos los santos, consagrando una de las capillas de la Basílica de San Pedro, la cual está dedicada a todos los santos, mártires y confesores; quedando establecida esa fecha como memorial para esta celebración. Fue hasta un siglo después, que el Papa Gregorio IV estableció la misma fecha para que se celebrará en toda la Iglesia Universal.

Esta solemnidad se convirtió en una fecha importante en toda la Iglesia. Tanto así, que se estableció una vigilia para la víspera de esta fiesta, bien conocida como “Hallowe’ en” que es la contracción de “All Hallows´ Evening” o “víspera de todos los santos”, misma que fue suprimida en 1955.

La intención de que como católicos celebremos este día, es razón del anhelo de la Iglesia por recordar e imitar a todos los hombres y mujeres que ya son santos, que llevaron una vida de rectitud en la fe y que ahora ya pueden ver a Dios cara a cara. No recordamos únicamente a aquellos a quienes la Iglesia, a través de los siglos, ha declarado santos, sino también a quienes aún no cuenta con una fiesta específica.

De hecho, participar de esta celebración es precepto para todos los católicos. Así lo establece el Código de Derecho Canónico: “El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto. Igualmente deben observarse los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y, finalmente, Todos los Santos” (CIC 1246).

Llegar a la santidad no sólo tarea o misión para algunos pocos sacerdotes, religiosos y religiosas, sino que es nuestra vocación universal, todos estamos llamados a ser santos. Es una invitación que Dios nos ha hecho de manera personal; es para todos, no importa qué has hecho o qué has dejado de hacer, o bien, qué tantos pecados hayas cometidos, Dios siempre te llama a que seas santo hoy, puedes comenzar con una buena confesión de tus pecados y con la lucha todos los días por no volver a cometerlos.

Que todos los días resuene en tu corazón aquella invitación de Cristo: “Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo” (Mt 5, 48). ¿Cómo podemos ser santos? Imitando en todo a Cristo.

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