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¿Podemos sanar una ofensa?

Luis y Jorge se hicieron buenos amigos desde la secundaria, juntos compartían grandes momentos de su vida, hasta que Luis entró a la Universidad de Medicina y Jorge, por su parte, tuvo que dedicarse a trabajar para apoyar a su familia. Los años pasaron y los amigos se distanciaron, cada uno tomó un rumbo distinto en su vida.

Con el paso del tiempo, Luis decidió buscar a su amigo, cuando llegó a su casa, descubrió que Jorge vivía una situación de necesidad muy grande. De inmediato, Luis le ofreció su apoyo, pero grande fue su sorpresa cuando Jorge no tuvo más que ofensas y burlas a su amigo por haber alcanzado el éxito en su profesión, mientras que él alegaba no haberlo hecho por no contar con las mismas oportunidades. Luis, se entristeció enormemente y se fue de allí muy desconcertado. Hecho que había condenado a morir aquella larga amistad.

Tiempo después, Jorge fue atormentado por el remordimiento por cómo se había comportado con su gran amigo. Por ello, decidido a solucionar las cosas, acudió al consejo de un hombre sabio. Cuando llegó con él, le dijo: “Estoy arrepentido y quiero arreglar todo el mal que le hice a mi amigo ¿Cómo puedo hacerlo?” Aquel hombre le respondió: “Muy bien, si estás seguro de eso, primero deberás conseguir un saco y llenarlo de plumas ligeras y pequeñas, cuando lo tengas lleno, saldrás a la calle y soltaras una por cada paso que des“.

Jorge consideró muy fácil aquella tarea que el sabio le había encomendado. Inmediatamente salió a buscar todo lo que necesitaba, tomó el saco lleno de plumas y, al cabo de un día, ya las había soltado todas.

Al día siguiente, regresó con aquel sabio y le mostró el saco vacío, y le dijo: “Ya he terminado ¿qué más debo hacer?” dijo Jorge. Luego, el sabio le contestó: “¡No desesperes, pues eso fue la parte más fácil! Ahora debes volver a recorrer las calles por las que caminaste y buscar cada pluma que arrojaste al piso y vuelve a llenar de nuevo el saco con ellas. ¡Sal a la calle y comienza a buscarlas!”.

Jorge estaba muy confundido, pues no entendía de qué se trataba la petición que aquel hombre le estaba haciendo ¿Está usted loco? ¿Cómo cree que voy a encontrarlas todas? Es imposible, le dijo Jorge al sabio. Molesto, salió de vuelta a la calle y recorrió el mismo camino que tomó cuando soltó aquellas plumas. Obviamente no pudo conseguir ninguna.

Triste y acongojado regresó con aquel hombre. El sabio, mirando con ternura, le dijo: “De la misma manera que no pudiste juntar ninguna de las plumas que tiraste en el piso, pues quizás porque fueron arrastradas por el viento. Del mismo modo, todas las palabras de ofensa que le expresaste a tu amigo, volaron de tu boca y el daño ya está hecho, lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste“.

Que el resentimiento y la envidia no habiten tu corazón, si los dejas entrar pueden hacerte mucho daño y a todos los que están a tu alrededor. Y si a alguien has ofendido, rompe la barrera y pide perdón.  

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