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¿Podemos controlar nuestros pensamientos?

Dicen que la mente es el arma más poderosa del ser humano y esto es cierto. Bastará con analizar cómo nos encontramos un viernes por la noche y un domingo por la tarde. Normalmente, después de terminar la jornada laborar un viernes por la tarde nos sentimos cansados por todo el desgaste de la semana, pero nuestro ánimo es muy bueno; y esto, porque sabemos que el viernes o el fin de semana significa un buen descanso que aprovecharemos para hacer lo que entre semana no nos es posible ¡Por fin es viernes, a descansar! ¿Qué plan? Dicen algunos.

Pero llega el domingo y el ánimo se cae por los suelos, estamos de mal humor, agobiados, tristes y hasta resignados. Recordamos todos los pendientes de la semana, esos que estaban guardados en el cajón del viernes que acaba de pasar. ¡Qué pesado, mañana es lunes y ya regresó a trabajar otra vez! ¿Te suena familiar? ¿Por qué pasa esto? Si tuvimos dos días para descansar y hacer una infinidad de cosas ajenas al trabajo, se supondría que estamos descansados y despejados. La respuesta está en nuestros pensamientos, los únicos responsables de este cambio de emociones.

Nos pasa igual cuando conocemos a alguien, al no tener elementos suficientes más que lo que vemos en el exterior de la persona, hacemos juicios y pensamos que será de tal o cual forma sin aún haber cruzado palabra alguna. De nueva cuenta serán nuestros pensamientos quienes se adelantarán a juzgar y a definir quién es esa persona, formándonos así una de ideas que sólo cambiarán hasta que nos decidamos a tratar a la persona.

Por tanto, nuestros pensamientos, muchas veces, serán quienes decidan cómo nos sentiremos y en consecuencia cómo vamos a actuar. Así que no nos engañemos, sentirnos bien o mal, sólo depende de lo que interiormente nos estamos diciendo una y otra vez. Hay que lograr quitar todos los pensamientos negativos de nuestro interior. Por ejemplo cuando nos decimos a nosotros mismos: “No podré lograrlo, es demasiado para mí”, “Estoy muy tonto, no sirvo para nada”, “Tengo mala suerte en todo”, “Es imposible, no se puede”. Todo esto no nos ayuda para vivir de manera positiva ni feliz.

Ahora te pregunto ¿Te gustaría cambiar esto de tu vida? Si tu respuesta es afirmativa, debemos aprender a controlar cada uno de nuestros pensamientos, para así poder dominar nuestra vida. Independientemente de cuáles sean nuestras circunstancias o problemáticas cotidianas, somos nosotros quienes tenemos el poder de decidir hasta donde nos afectarán.

La manera correcta de controlar nuestro pensar será usando el “freno del pensamiento”, el cual consiste en parar bruscamente esos pensamientos que nos causan emociones negativas. Es decir, cambiarlos poco a poco por aquellos que nos hagan apaciguar nuestro sentir. Por ejemplo, pensar en aquel proyecto o aquellos sueños que queremos cumplir, en esa persona o momento que nos haga sentir bien, etc. Y si eso no es suficiente, cambia de actividad. Levántate, camina y respira por algunos momentos, trata de despejar tu mente y concéntrate en otra cosa.

Con esto, no tratamos de evadir la realidad de lo que nos está pasando, al contrario, queremos aprender a desechar lo que nos afecte emocionalmente. Para esto, habrá que examinarlos a profundidad, tomar la responsabilidad que nos toca y darles la salida que deben, cortando de tajo aquellos que no nos provocan más que angustia o ansiedad.

No hay que sufrir inútilmente, llegarán situaciones difíciles, pero en todo momento tenemos la posibilidad de sentirnos bien con nosotros mismos, porque el presente nos pertenece y con él, nuestros pensamientos también.

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