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Origen de la imagen de Nuestra Señora, la Virgen de Zapopan

En la zona metropolitana de Guadalajara, Jalisco, México, cada 12 de octubre, las principales calles de la ciudad, se llenan de miles de fieles que, desde muy temprano, buscan  acompañar a la pequeña imagen de Nuestra Señora de la Expectación, la Virgen de Zapopan, en su regreso a casa. Luego de haber visitado la mayoría de las parroquias de la metrópoli en los meses anteriores, la imagen comienza su recorrido saliendo muy de mañana de la Catedral de Guadalajara hasta la Basílica de Zapopan.

La “Romería” o la “Llevada de la virgen” es una hermosa tradición que forma parte ya del patrimonio histórico y cultura de la ciudad. Los miles de fieles que asisten, dan testimonio de los favores alcanzados por la intercesión de Nuestra Madre. Pero ¿Cómo llegó esta pequeña imagen a nuestra ciudad?.

La imagen de Nuestra Señora llegó a tierras tapatías gracias al  “Apóstol de la Nueva Galicia”, Fray Antonio de Segovia, hermano de la Orden Franciscana de la Concepción, en Segovia, España. En su llegada a tierras mexicanas pasó por Pátzcuaro, Michoacán, donde mandó elaborar con los indígenas de esa región, una pequeña imagen de la Purísima Concepción,  hecha de pasta de maíz, de medidas 11.5 cm x 34.2 cm, misma que está apoyada sobre una luna creciente. Imagen que lo acompañará en el camino de su evangelización.

A su llegada a la Nueva España, hoy Guadalajara, entre 1538 y 1542, sucedieron varias rebeliones de indios en contra de los españoles, mismas que luchas tras luchas no lograban controlar. Por lo que Fray Antonio convenció al Virrey para subir al cerro del Mixtón y pacificar a los indios. Ya con la autorización en mano, se puso en marcha, llevó consigo a la imagen de Nuestra Señora, de la que se dice que salían luces y que obligaron a los indios a rendirse. A partir de ese momento, Fray la llamó “La Pacificadora” y meses después donó la imagen a Zapopan.

Otro de los títulos de los que ha sido merecedora Nuestra Madre es el de la “Taumaturga”, es decir, la Milagrosa. La devoción a esta pequeña imagen se esparció muy rápido entre todos los pobladores. Entre ellos, los indios, quienes fueron favorecidos con muchos milagros y prodigios, pero que, por miedo a ser juzgados, temían manifestar. En 1641 el obispo Juan Ruiz Colmenero, tras conocer el sinnúmero de milagros que por intercesión de la Virgen se realizaban, la declaró como la milagrosa y cambió su festividad del 8 al 18 de diciembre.

La “Generala” es otro título que también se le otorgó gracias a que en 1821, tras proclamarse la independencia de Nueva Galicia, la imagen de la Virgen llegaba del templo de Santa Teresa a la Catedral, mostrando que “favorecía y protegía la causa en el sentido político y religioso”. Por lo tanto, El Ayuntamiento, junto con las autoridades militares, otorgaron a la Imagen el título de “Generala de las armas del ejército de Nueva Galicia”.

Entre los hechos milagrosos que nuestra Señora obró, se cuenta que en 1721 hubo en la ciudad una peste mortal y tempestades con rayos, que fueron eliminados, gracias a la visita de la imagen a la metrópoli. En agradecimiento por su intercesión, fue nombrada “Patrona y Abogada de la Ciudad de Guadalajara, contra tempestades, rayos y epidemias”.

Asimismo, fue coronada el 18 de enero de 1921 por el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez en la catedral Metropolitana de Guadalajara. Finalmente, en 1942 en la celebración del cuarto centenario de la fundación de Guadalajara, se le entregaron las llaves de la ciudad. Y en 1954 se consagró la Arquidiócesis de Guadalajara a la protección de Nuestra Señora de Zapopan.

En el año de 1678 se comenzó la construcción de su actual santuario, cuya dedicación fue en 1730. Se hermoseó en 1871 y en 1940 se elevó a la categoría de santuario donde ahora permanece. 

Tras concederse la licencia en 1734, la imagen visita las iglesias de la Arquidiócesis cada año. Por lo tanto, en 1744 se donó una copia de la imagen, con manos y cabeza de marfil, que sustituye a la original cuando peregrina por la ciudad. La imagen original, solamente sale de su santuario, cada 12 de octubre para la celebración de la Romería, vestida de peregrina, con rebozo y sombrero para caminar junto con todos sus hijos que la acompañan en su regreso a casa.

 

 

 

 

 

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