DIOSLa Charla Dominical

¿Nosotros perdonamos o toleramos el pecado?

Queridos amigos, el Domingo pasado reflexionamos en la parábola del hijo pródigo, la parábola del amor misericordioso de Dios que recibe siempre al hijo que se ha apartado. Pues hoy vemos, una vez más, a Jesús que nos muestra la Misericordia, pues Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva.

En el Evangelio de Juan que hoy escuchamos, se nos narra la escena en donde le presentan a Jesús a una mujer hallada en adulterio. Sabemos que los escribas y fariseos querían tenderle una trampa a Jesús para tener un pretexto para acusarlo. Éstos pensaban, si Jesús la condena, pierde popularidad; si la perdona, va contra la Ley. Pero la reacción de Jesús fue extraordinaria.

Cuando se presentaron le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrearla ¿Tú qué dices?”. La sentencia de Jesús es siempre de Misericordia, sabemos que se puso a escribir algo en el piso, no sabemos qué era, y después les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”.

No sabemos qué fue lo que Jesús escribió en la tierra, pero algunos Padres de la Iglesia afirman que pudieron haber sido los pecados de los que la acusaban. Alguna vez, escuché alguna otra interpretación que me llamó la atención de alguien que decía que lo que escribía era el pecado de ella, para representar que, con el paso del viento de la Misericordia, los pecados se iban a borrar.

Lo cierto es que ahí estaba aquella pobre mujer, otra hija pródiga, frente a sus hermanos mayores, los que aparentemente estaban puros y eran cumplidores de la ley, pero que en realidad la querían no sólo expulsar de la casa, sino también darle muerte.

Esto nos enseña que nadie estamos capacitados para juzgar a los demás. Dios es el único que tiene el poder para juzgarnos, y aun así, juzga desde la lógica del amor, la lógica de la Misericordia.

Cuántas veces nos hemos convertido en los jueces despiadados de nuestros hermanos, siendo nosotros peores que ellos. Cuando Jesús les dijo que tirara la piedra quien estaba libre de pecado, todos se marcharon, comenzando por los más viejos, su pecado pudo ser mayor. Sólo quedaron ella y Jesús, la miseria y la Misericordia.

La Misericordia de Jesús la hizo salir de su situación y de su esclavitud, y experimentó la libertad. Hoy Jesús también quiere que experimentemos esa libertad de todos nuestros pecados que nos esclavizan y que nos hacen apartarnos y vivir recluidos. Hoy vemos que esa libertad interior la adquirimos a través de la gracia que Jesús nos da en sus sacramentos.

Quisiera terminar con algo que considero también muy importante de tener en cuenta. No debemos confundir perdonar con tolerar el pecado, ya que no es lo mismo. Jesús ama al pecador, pero detesta el pecado. Jesús dice al final: “Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”. Jesús perdona siempre, pero a la vez motiva a alejarse de esa situación de pecado.

Por su parte, Isaías nos muestra el gran proyecto de Dios que se orienta a la renovación de todas las cosas. Dice: “Yo voy a realizar algo nuevo”,  “Haré correr agua en el desierto”. Hoy, Jesús quiere regalarte una vida nueva.

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