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¡No pierdas tiempo, hazlo ahora o nunca!

En una escuela de formación básica para adultos en la ciudad, un profesor decidió dejar una tarea muy especial a sus alumnos. El trabajo consistía en que durante la semana siguiente debían acercarse a alguien a quien amaban mucho y manifestarle ese cariño con palabras. Esa persona tenía que ser alguien a quien nunca le hubieran manifestado ese cariño o por lo menos no recientemente.

Esta tarea no parecería complicada para un niño de primera. Pero en este caso, los alumnos eran adultos mayores de 35 años de edad. Muchos de ellos, fueron criados en un núcleo familiar en los que eso de expresar sus emociones no era muy de “hombres”. Por lo tanto, no estaban acostumbrados a hacer semejante acto. Lo que significada una tarea casi imposible para muchos.

A los siguientes días, el profesor preguntó a sus alumnos si alguno deseaba compartir su experiencia en la realización de aquel trabajo. Como era costumbre muchas veces, el maestro esperaba que fuera una mujer quien se ofreciera a participar. Pero esta vez, fue un señor quien levantó inmediatamente la mano. Al principio, parecía un poco confundido y conmovido pero se puso de pie y dijo:

“Profesor, debo confesarle que cuando nos dejó esta tarea me moleste muchísimo. La verdad es que yo sentía que no tenía a nadie a quien decirle esas palabras. Pensé ¿Quién se cree él para sugerirme hacer algo tan personal para mí? Sin embargo cuando iba manejando rumbo a mi casa, mi conciencia empezó a hablarme. Me hizo pensar en todas las personas que estaban cerca de mí.

De inmediato, recordé que hacía ya cinco años mi padre y yo tuvimos un pleito muy fuerte y nunca lo solucionamos. Desde entonces evitamos vernos, más que en fiestas importantes y apenas y allí sí nos hablamos. Por lo tanto, cuando llegué a casa decidí que sería a mi padre a quien debía decirle cuánto lo amaba.

Cuando por fin llegué, fue a mi esposa a quien decidí contarle todo lo que pensaba hacer. De inmediato me abrazó y lloramos juntos por primera vez. Esa noche, fue muy especial pues la pasamos charlando y tomando café hasta muy tarde.

A la mañana siguiente, me levanté temprano y llame a mi papá para preguntarle si podía visitarlo más tarde. Entonces me contestó: ¿Y ahora qué pasó? Yo le aseguré que no pasaba nada, que no le quitaría mucho tiempo y aceptó.

Cuando llegue a su casa, mis piernas comenzaban a temblar como nunca. Por una parte, quería correr de allí pero por otra, deseaba mucho hablar con papá. Toqué y mi fue él quien abrió la puerta. No perdí tiempo, di un paso y le dije: “Papá, solo vine a decirte que te amo”

Repentinamente, su rostro comenzó a transformarse. Y mirándome fijamente, empezó a llorar. Abrió sus brazos, me tomó entre ellos y me dijo: “Yo también te amo hijo, hace mucho que quería decírtelo”

Ese ha sido uno de los momentos más preciosos que he vivido. No quería soltarme de los brazos de mi padre. Después de un buen rato, por fin nos soltamos y sin más, me fui de regreso a mi  hogar.

Pero ese no es el punto. A los días de que fui a visitar a mi padre, sufrió un infarto que lo hizo terminar en el hospital inconsciente. Hasta hoy, no sabemos si podrá recuperarse. Por lo tanto, mi mensaje para todos en este salón es que no esperen para hacer las cosas que saben que necesitan hacer. ¿Qué habría sucedido si yo no me hubiera atrevido a decirle a mi padre cuanto lo amaba? Tal vez, ya no volvería a tener esa oportunidad. Tómense el tiempo para hacer lo que necesitan y háganlo ya.”

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