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¿Por qué los divorciados vueltos a casar no pueden comulgar?

Estamos tratando un tema que ha sido escabroso en los últimos tiempos y ha sido motivo de debate para tantos otros. Hoy quiero presentarte una visión basada en la Palabra de Dios, lo cual debe ser la norma de nuestra vida.

Habrá que dejar claro que no se trata de un capricho de la Iglesia Católica, sino que fue el mismo Jesús quien dijo: “El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa; y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio” (Mc 10, 11-12). De allí que la Iglesia ha permanecido obediente a las palabras del Señor.

Recordemos que el matrimonio es el vínculo sagrado del cual Dios mismo es el autor, no la sociedad ni el hombre. Por lo tanto, esta alianza de amor será vigente para toda la vida. Ya nos vuelve a decir el Señor Jesús: “De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19, 6). Por lo tanto, hay que dejar claro que un matrimonio válido no puede ser disuelto ni existe el divorcio en la Iglesia Católica.

Aquellas personas que han decidido divorciarse y se han vuelto a casar civilmente, viven en pecado grave (adulterio) por ir en contra de la ley del Señor. En consecuencia, no pueden recibir la Sagrada Comunión hasta que dejen esa situación irregular.

También es importante tener en cuenta que tampoco podrán acercarse al Sacramento de la Confesión hasta que no se deje la situación irregular, ya que para que se pueda dar la absolución de los pecados, se necesita un verdadero arrepentimiento y un arrepentimiento se expresa en el deseo de dejar el pecado en el que estoy viviendo.

Debemos ser conscientes de que la Eucaristía no es un pedazo de pan ni una copa de vino, sino que es Cristo mismo que en su Cuerpo y en su Sangre se hace presente en el altar y se da a nosotros por amor. De ahí que para poder recibirlo habremos de estar en estado de gracia, es decir limpios de todo pecado. Luego entonces, quien comulga al Señor Jesús en pecado grave comete sacrilegio. San Pablo ya nos previene: “Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor” (1Cor 11, 27).

Para que quienes se encuentran en este estilo de vida puedan volver a participar de la Eucaristía deben enmendarse y proponerse no pecar más. Lo que significa tener que salir de su situación de pecado eliminando los vínculos que lo unen a la persona con la que ha rehecho su vida y vivir en castidad. Sólo así se podrá demostrar que hay un arrepentimiento verdadero.

Ahora bien, una persona divorciada que se ha vuelto a casar no deja de ser bautizada, al contrario, sigue siendo miembro de la Iglesia. Ella, como madre, busca acogerlos con especial atención y quiere animarlos a no dejar de participar de la vida en comunidad a través de la oración, la práctica de la lectura, la adoración eucarística, etc.

La Iglesia es la más interesada en que aquella pareja que vive en estado irregular pueda recibir algún día con normalidad los sacramentos. Lo que será posible hasta que un Tribunal Eclesiástico declare la nulidad del matrimonio anterior, si es que hubiera la posibilidad una vez analizando a detalle su situación particular; o bien, que la pareja tome la decisión de vivir como hermano y hermana o suceda la muerte del cónyuge anterior.

Por otro lado, la persona que se ha separado de su cónyuge y no haya contraído una unión estable con otra persona, sí puede recibir la Sagrada Comunión siempre y cuando se encuentre en estado de gracia. Lo mismo quienes sólo estaban casados por el civil y se han divorciado también puede comulgar. Si te encuentras en una de estas situaciones irregulares, te recomiendo con toda la caridad a que te acerques a un sacerdote a exponerle tu caso, para que pueda orientarse si existe la posibilidad de introducir tu causa para un posible caso de declaración de nulidad matrimonial.

 

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