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La tentación es como la influenza

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La influenza es una enfermedad viral que ha producido muchas muertes en el mundo entero. Hoy me gustaría utilizar la imagen de este actual padecimiento para hablar un poco de la tentación, como es que llega en a nuestras vidas.

El Papa Francisco nos ha dicho que la tentación tiene 3 características: Crece, se contagia y se justifica. Las mismas que podemos asimilar con una enfermedad del tipo viral. 

Algo muy común que sucede con este tipo de enfermedades, es que las personas muchas veces hacen caso omiso de las indicaciones que las autoridades de salud emiten como medios de prevención. Muchos otros,  llegan a ser indiferentes antes las graves consecuencias que trae consigo este malestar. Situación que puede terminar con la vida de muchas personas.

Siguiendo estas tres características que nos da el Papa Francisco sobre la tentación, primero dice que crece. Esto es cierto, la tentación del enemigo viene como un aire “suavecito” que no se percibe de primera mano, pero que tarde que temprano agarra fuerza hasta volverse una jaula que nos aprisiona. Y así, cuando menos lo esperas, ya eres víctimas de ella.

Después de que crece, la tentación se contagia. Cuando le abres la puerta a la tentación, esta comienza a formar parte de tu vida, hasta arrastrarte a la comisión del pecado. Luego, el pecado nos provoca que involucremos a otros más a que también lo cometan. Es así como este mal se esparce fácilmente entre los demás. 

Luego de que la tentación se contagia viene la justificación. Muchas veces, no queremos ser responsables de nuestra falta. Y es que esa es una actitud muy cómoda de echarle la culpa a los demás y a las circunstancias. No caemos en la cuenta de que nosotros pudimos prevenir los riesgos, no pusimos un límite a la tentación y las consecuencias llegaron. 

Así como una enfermedad viral mal cuidada puede producirte la muerte biológica; también la tentación, crece, se contagia y se justifica, hasta que llega a causarte la muerte espiritual. Pero no te preocupes, si tu reconoces que ahora eres preso del pecado y de la tentación te traigo un remedio infalible. La Palabra de Dios. 

La Palabra del Señor, da siempre solidez y fundamento a nuestra vida espiritual. La tentación solo se vence de la mano de Jesucristo, y la Palabra es Cristo mismo. 

 

 

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