ReflexionesValores y VirtudesVida con sentido

¡La felicidad está en el trayecto no en un destino!

Un joven recién graduado de una prestigiosa universidad decidió visitar por unos días el pequeño pueblo costero que estaba a las fueras de su ciudad. A medio día, se acercó al muelle para observar todos los botes que, a lo lejos, intentaban pescar, cuando de pronto, miró cómo una pequeña lancha que se acercaba a la orilla, era dirigida por un solo hombre ya mayor.

Cuando llegó al muelle, sintió curiosidad de mirar lo que este hombre había logrado pescar. Su sorpresa fue al descubrir que, dentro de aquella barca, había varios atunes de buen tamaño cada uno. Admirado por la calidad de su pesca, preguntó a aquel hombre: ¿Cuánto tiempo le ha tomado pescar estos hermosos pescados? Sólo un poco de tiempo, respondió el pescador.

El joven volvió a preguntar ¿Y por qué no se ha quedado más tiempo en el agua? Seguro que pescaría muchos más en poco tiempo. El pescador le dijo: porque lo que he pescado es suficiente para que mi familia pueda comer el día de hoy ¿Pero y después qué? ¿Qué hace usted el resto del día? ¿No podría sacarle más provecho a su tiempo?, preguntó el recién graduado.

El hombre respondió: “Me levanto muy de mañana y vengo a pescar. Cuando he pescado lo suficiente llego a casa y me pongo a convivir con mis hijos. Luego, mi esposa prepara la comida y comemos todos juntos. Después, duermo alguna siesta y, más tarde, me salgo a caminar por el pueblo para encontrarme con varios amigos con los que comparto un rato de diversión y música. Como puedes ver, mi tiempo es bien aprovechado, siempre estoy muy ocupado.

 ¿Y no has pensado en invertir más tiempo en la pesca y con los ingresos invertir en un bote más grande? ¡Imagínate todo lo que podrías hacer! Puedes empezar por comprar más botes y contratar a tu propio personal. Crecer poco a poco hasta convertirte en una gran empresa pesquera que traspase las fronteras de este pueblo. Hasta que, algún día, puedas controlar el procesamiento y la distribución de  tu pescado. Le explicó el joven.

Suena bien pero, ¿cuánto tiempo tardaría en alcanzar todo eso? Preguntó curioso el pescador. Entre 15 y 20 años, cuando mucho, afirmó el joven. Y cuando llegue ese tiempo ¿qué sigue? Dudo el marino ¡Esa es la mejor parte de todo! Exclamó el profesional prematuro. Podrías vender todas tus acciones a inversionistas y te volverías inmensamente rico ¡Tendrías mucho dinero!

¿Mucho dinero? Pero y ¿luego qué? Preguntó de nuevo el hombre “Pues podrías retirarte de trabajar, nunca más lo harías, sólo te dedicarías a recibir dinero. Piénsalo, podrías comprar una casa a la orilla del lago, convivir a diario con tu familia, comer delicioso todos los días, dormir tu siesta hasta muy tarde y pasar tardes divertidas con tus amigos. Replicó el joven. El marinero dijo: ¿Y acaso eso no lo tengo yo ya?

Cuántas personas pierden su vida por encontrar una felicidad que ya tienen en sus manos. No desperdicies tu vida, en acumular bienes y caprichos. La vida es muy corta para desperdiciarla en ellas. La felicidad verdadera está en aquellas personas que viven junto a ti. En agradecer día a día lo que Dios ya te ha regalado. Valora todo lo que tienes y serás feliz. No te abrumes por lo que no tienes, sino que agradece por lo que ya tienes en tus manos.

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