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¿Es cristiano celebrar a Santa Claus?

Es muy común, en estas fechas decembrinas, ver por todos lados la imagen de un hombre regordete, de cabello, bigote y larga barba blanca, vistiendo un atuendo en colores rojo y blanco que genera ternura. Por supuesto que me refiero a Santa Claus, famoso personaje que inmediatamente es relacionado por niños y adultos con el tiempo de la Navidad y la recepción de regalos.

Con frecuencia, se puede encontrar en muchos espacios públicos a Santa Claus sentado en una silla recibiendo a muchos niños que ansiosos esperan para entregarle su carta de regalos y se toman la foto del recuerdo. Y es que, aún en muchos países, se tiene la tradición de que, en Nochebuena, es Santa quien trae a los niños que se han portado bien los regalos de navidad.  Pero ¿De dónde viene este personaje? ¿Tiene relación con lo que celebramos nosotros los cristianos?

En realidad, Santa Claus y el cristianismo están muy relacionados entre sí. El nombre de este personaje procede de “Sinter Klaas” que es la manera en que en Holanda se refieren a San Nicolás de Bari.

Este Santo nació en Patara en Licea al Sur de Asia Menor. Cuando todavía era muy pequeño, sus padres fallecieron heredándole una gran fortuna que al tiempo decidió dirigirlo a obras de caridad. Él era muy conocido porque siempre ayudaba a los niños pobres de su ciudad. Tenía un gran sentido del humor y era muy generoso con todo aquel que acudía por su ayuda.  Al tiempo decidió consagrarse sacerdote y a los años se convirtió en obispo de Myra en lo que hoy es Turquía.

Falleció en el año 350 d.c. y sus restos reposan ahora en Bari, Italia. Lugar donde se erigió una gran iglesia que recibe muchos peregrinos que los veneran. La Iglesia lo recuerda cada 6 de diciembre.

La caridad y generosidad de este hombre ha forjado muchas tradiciones, entre ellas, la que algunos países de Europa, acostumbran un día previo a su fiesta regalar en su nombre algún detalle a los niños de su ciudad, entre muchas otras.

El ejemplo de San Nicolás es digno de imitar. Nos enseña a siempre dar con generosidad, no dando lo que nos sobra, sino de aquello que más nos hace falta. Nos impulsa a desprendernos de lo mucho que tenemos para darlo a quienes más lo necesitan y todo, de forma discreta y de corazón.

Este tiempo de Navidad es un tiempo ideal para seguir el ejemplo de San Nicolás o Santa Claus, como mejor te guste. Si en nuestra manos está poder hacer la diferencia en la Navidad de muchos que nos necesitan, no sólo de forma material sino también con nuestra compañía y sincera escucha, no lo pensemos y seamos más Santa Claus en el mundo, uno real de carne y hueso.

 

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