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¿Es aburrido el cielo?

Animémonos por alcanzarlo

En más de alguna vez cuando nos hemos puesto a pensar acerca del cielo, sobre el ¿cómo será?, porque si tanto cuesta ir al cielo, debe de ser un lugar en el que la alegría y felicidad nunca se acaben. El mismo Jesucristo, cuando nos hablaba sobre el Reino de los cielos, decía que ahí no habría espacio para el sufrimiento, ni las lágrimas; con lo cual podemos entender que es un lugar fantástico.

El mismo apóstol san Juan, nos responde si el cielo es aburrido en una de sus cartas, al confirmarnos que será el lugar en donde por fin, veremos y contemplaremos al mismo Dios que nos ha convocado, y él cual quiere de nosotros nuestra felicidad (1 Jn 3,2). Ahí será donde le veremos cara a cara.

En el cielo no sólo veremos a Dios en las Tres Personas Divinas, sino también veremos a la Santísima Virgen María, nuestra Madre, a los ángeles y a todos los santos; sino que también a los que han terminado su viaje por esta tierra y ahora gozan del cielo, fruto de la misericordia de Dios y de sus esfuerzos por llevar una vida cristiana buena.

El cielo es la plenitud de los anhelos más profundos del hombre, si nosotros decimos y afirmamos que el hombre ha sido creado para ser feliz, para superarse y para alcanzar una plenitud, una existencia que llegue a trascender; entonces esa posibilidad sólo se encuentra en la vida eterna.

El hombre siendo la creación más excelente de Dios, fue creado con un corazón tan grande, que está capacitado para amar y entregarse, encontrando en esto su realización perfecta, su sentido de la vida; que es el motor que le llena de fuerza para alcanzar la felicidad.

Dios es el centro del cielo, pues aparte de que es parte de su obra creadora, es también el lugar más excelente para su presencia resucitada y gloriosa.

Si nos consideramos en esta vida como unos buscadores auténticos de la felicidad, debemos estar al pendiente de alcanzarla en el cielo.

El papa Benedicto XVI decía sobre el tema “el cielo será el momento de sumergirse en el océano del amor infinito, el cual el tiempo, el antes y el después, ya no existe, Podemos únicamente tratar de pensar que este momento es la vida en sentido pleno, siendo plenamente y desbordándose completamente de alegría” (Spe salvi, 12).

Con esto antes dicho, nos conviene esforzarnos para alcanzar el cielo, vender todo lo que tenemos para comprar el campo en el que se encuentra el tesoro escondido que nos dará la completa felicidad.

Y aunque parezca que nuestra sociedad es del aquí y del ahora, nosotros los cristianos debemos contagiarlos con las luces de la resurrección de Cristo que es la esperanza de cada uno de nosotros, el poder resucitar a una vida eterna, vida de inmensa alegría.

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