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¡Enojarse no es pecado!

Solamente, aprende a manejar tu ira.

En más de alguna ocasión hemos recurrido a la confesión a causa del mal manejo de nuestras reacciones o emociones en nuestro día a día, para poder socializar.

Las emociones o pasiones como a veces le llamamos a los sentimientos, son respuestas naturales ante distintas situaciones. El Catecismo de la Iglesia católica define a los sentimientos como “Emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o no obrar en razón de lo que es sentido o imaginado como bueno o malo” (CIC 1734).

Por eso, frente a algo que es bueno podemos experimentar sentimientos de amor, deseo, esperanza, alegría, etc.; y frente a lo que percibimos como malo nosotros experimentamos odio, ira, temor, aversión, tristeza.

Las pasiones en sí mismas no son ni buenas ni malas. Simplemente, forman parte de la psicología humana que Dios nos ha dado. Es perfectamente natural que experimentemos amor o alegría ante algo bueno, e igualmente natural que sintamos miedo o ira ante algo malo.

De hecho, si no sintiéramos emociones, no viviríamos mucho tiempo pues las emociones mismas nos permiten realizar en nuestro ser respuestas automáticas que nuestro cuerpo necesita para avanzar en el proceso de maduración y crecimiento integral.

Por lo tanto, estos sentimientos ni tienen algo meritorio para abonar al ser humano, pero tampoco son pecados que el hombre deba adjudicarse y con esto tener un bajo en el campo moral.

Solo cuando los sentimientos se hacen mediante un acto de la voluntad pueden convertirse en meritorios o en pecados, el mismo Catecismo en el número 1767 afirma su carga moral en la medida que dependan de la razón y la voluntad.

No es pecado sentir ira, porque somos humanos y estamos en nuestro derecho de enfadarnos ante alguna situación que según nuestra educación es reprobable, incluso hasta deberíamos de preocuparnos cuando no sintamos nada, como ya lo citaba antes, si alguna situación, por ejemplo: una ofensa verbal que alguien nos diga o algún otro acto reprobable e injusto.

En mi consideración no existe gente que no se enoja, por más santo que parezca o quiera parecer, es obvio que está en su derecho a reaccionar así. El mismo Evangelio narra más de un momento de ira y desesperación que vivió Jesucristo y eso no le quito ni un solo pelo de su bondad.

Pero cuando las personas aún con las justificaciones por las cuales se molesten, pierden el control de su ira y reaccionan violentamente, golpeando, ofendiendo de una forma brutal incluso, esto si ya estaría pasando de nivel y emigrando a un acto con el calificativo de pecado, por nuestra mala reacción que nos llevó a ofender y dañar sea física o verbalmente a nuestros semejantes.

Por lo tanto enojarse no es pecado, no saber manejar el enojo y perder el control de nuestra emoción, sí podría calificarse como algo negativo. Para lo cual en la virtud de la mansedumbre tenemos una excelente herramienta para poder saber vivir nuestras emociones y sentimientos de una forma asertiva y productiva.

Ya lo sabes no te confieses de que te enojas mucho, es algo natural, demasiado apropiado para el hombre.

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