DIOSLa Charla Dominical

¿En quién confías más, en ti o en Jesús?

Queridos amigos, hoy Jesús quiere recordarnos en su Palabra que todos estamos llamados a seguirlo y a dar FRUTO ABUNDANTE con toda nuestra vida.

En el Evangelio de hoy vemos que a orillas del lago de Genesaret se encontraban dos barcas y los pescadores estaban lavando las redes. En ello, Jesús sube a la barca de Simón y le pidió que la apartara de tierra. Luego, le dio la siguiente indicación: “Rema mar adentro y echa las redes para pescar”. Simón, sin pensarlo, contestó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiando en tu palabra, echaré las redes”. Y sabemos el desenlace del relato, cogieron tal cantidad de peces que necesitaron de ayuda, pues la barca casi se hundía con todos los pescados.

Muchas veces hemos estado como aquellos discípulos, trabajando mucho, pero no obteniendo nada de resultado. Muchas veces nos hemos entregado sin resultado alguno y hemos sentido momentos de frustración porque las cosas no nos salen como queremos o esperamos.

Es fácil caer en el desánimo, el hartazgo o la desesperación cuando las cosas no nos salen como queremos, lo cual nos puede llevar a hacer las cosas en automático, pero sin motivación alguna, sólo lo hacemos porque nos toca, pero sin amor ni entrega generosa.

Te propongo tres actitudes indispensables que debe llevar nuestro obrar para poder dar fruto abundante:

Descubrir nuestra pequeñez:

Vemos que Pedro descubre su pequeñez ante la grandeza de Dios. Al inicio se creía autosuficiente, pensaba que había hecho bien las cosas, se creía experto en lo que hacía, le parecía absurda la indicación que Jesús le dio. Cuando vio toda la pesca milagrosa, se arrojó a los pies de Jesús y exclamó: “Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador”.

Cuántas excusas le ponemos a Dios: no tengo tiempo, yo ya he hecho hasta lo imposible, no soy digno, hay otros que lo hacen mejor que yo, yo sé bien cómo se hacen las cosas, etc. Pero seguimos con una vida de completa esterilidad. Lo primero es que debemos reconocernos débiles y pequeños, y que necesitamos del Dios que todo lo puede. Porque, muchas veces, nuestra soberbia no nos deja ver más allá de nuestras narices.

Remar mar adentro:

Significa salir de la comodidad de la orilla en donde se podría estar instalado. Muchas veces nos quedamos en lo superficial. El agua de la orilla es agradable, moja los tobillos, pero no es profundo. La tentación es quedarnos en la falsa seguridad de la orilla mojándose únicamente los pies. A Dios no se le encuentra en la superficie, sino en la profundidad. Esto implica esfuerzo, valentía y confianza.

Hacer las cosas confiando en Dios:

Podemos ser expertos en la materia, como lo era Simón en la pesca, pero sólo si hacemos las cosas en el nombre de Jesús y confiados en su Palabra, sólo así lograremos salir de la esterilidad de nuestra vida.

Simón echó la red confiado en Jesús y sólo así se realizó el milagro. Puede que ya estés cansado de luchar, de esforzarte, de intentar cambiar tu matrimonio; pero a lo mejor te ha faltado desconfiar de ti y confinar más en el Señor. Sólo confiando en Jesús, nuestras inconsistencias y nuestros fracasos se convertirán en algo fecundo.

Fue tan fuerte el encuentro que tuvo Simón con Jesús, que cuando lo llamó, éste dejó todo y lo siguió. ¿Estarías dispuesto a dejarlo todo para seguir al Señor?

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