Amor y SexualidadBLOGSMatrimonioNoviazgo

En el dolor el amor se fortalece

Hay ocasiones en la vida de las personas en las que nos podemos topar con una situación difícil, una situación que nos haga experimentar un dolor profundo; por poner algunos ejemplos, puede ser la pérdida de un ser querido, una crisis económica, una separación dolorosa, vivir una situación de violencia, abandono, entre tantas otras cosas por la que las persona podemos sentir dolor, puedes pensar en una que te haya pasado a ti, es bueno que sepas que todas las personas tarde que temprano pasamos por esto, no una, sino, varias veces. Seguro nos hemos preguntado alguna vez ¿Por qué será? O ¿Para qué?

Recuerdo que en una clase un profesor nos decía que las heridas en el cuerpo dejan siempre una cicatriz, cada vez que uno las observa, recuerda el suceso, sin embargo, no siempre con la misma facilidad, depende el caso, pero la mayoría de las veces se superan y en ocasiones hasta se presumen. En cambio, –decía el profesor- las heridas del alma son tan profundas que pueden resultar muchísimo más dolorosas que cualquier herida que podamos hacernos en la piel.

Estas heridas que vamos a abordar, llamémoslas: las del alma; llegan a ser tan profundas que para sobreponerse muchas veces es necesario vivir todo un proceso de sanación interior, aquí claro, no estoy hablando de ritos esotéricos, de superstición o cosas por el estilo que tan de moda están y a la larga no sirven de mucho, en ocasiones hasta empeora. Estoy hablando de una completa restauración, una total liberación, sin embargo ésta no será posible si uno no se adentra de lleno en su propio corazón, acepta toda su historia de vida y se dispone a sanar enfrentando su propia realidad sin querer maquillara.

Muchas veces este proceso debe ir acompañado de otra persona a quien puedas abrir tu vida y sepa ayudarte, en este caso vamos a llamarle un guía espiritual, porque recordemos que hablamos de heridas del alma, un psicólogo también puede ser ese guía, aquí me permito puntualizar que si vamos a poner nuestra vida en las manos de una persona, tomemos en cuenta que vaya acorde a nuestros valores y doctrina, porque puede ser peligroso encomendar nuestra alma a alguien con una filosofía que puede hacernos un daño mayor, nunca seamos ingenuos ante esta realidad.

Si bien se de esto, no es sólo por estudios o lecturas exhaustivas, es más por la propia experiencia de vida y la de amigos que la han compartido conmigo su caminar en ciertos periodos de su vida, así es como todos aprendemos. Siempre me topo ante la realidad de quien decide rendirse o conformarse aunque el problema sea evidente ante sus ojos y con la de quien decide luchar y pagar el costo cueste lo que cueste, a este tipo de personas las llamaremos visionarios, ya que son capaces de tener una meta tan fuerte como para luchar hasta el final, por ejemplo un adicto, decide ser libre y lucha hasta alcanzarlo, el motivo puede ser la libertad misma o su familia, o algo incluso más trascendente.

Cuando estamos en una relación y se atraviesa por una una situación de dolor, muchas veces puede pasar que con todo el amor del mundo uno decida entregarse y acompañar a la pareja en su dolor, no siempre serán sólo lágrimas, a veces se podrá manifestar ese dolor con enojo o con distintas maneras bastante irritantes para quien no está viviendo ese sufrimiento. Si aprendemos a ver con misericordia, con una profunda compasión al otro, como quien ve a una persona herida y que eso simplemente son manifestaciones de sus heridas, créeme que será mucho más llevadero y al final de aquel que parecía un callejón sin salida, se verá la luz, una tan resplandeciente como nunca antes vista.

La invitación es a que en la prueba, en las dificultades luches, que no te des por vencido o por vencida, no tengas miedo a abrir tu corazón si eres la persona que sufre, expresa lo que sientes y ponle solución, agradece el amor de las persona que te rodean y más el de tu pareja.

Una vez que haya terminado esa gran dificultad, se sentirán más unidos que nunca, porque el amor se reafirma y la entrega llega a su culmen, porque estar en las buenas para todos es fácil, pero estar en los malos momentos son los que en verdad uno valora y aprecia en lo más profundo del alma.

Una restauración profunda es un proceso, un camino de aceptación, sanación, paciencia, trabajo y sobre todo de confianza en Dios, esto es lo más importante de todo, la clave. Cuando das a Dios tu vida y confías que hasta el peor momento que puedas vivir en la tierra es para llegar a Él, que es para llegar a ese lugar donde no tiene cabida el dolor, será cuando podremos vivir desde esta vida y hasta la eterna ese lugar que llamamos: Cielo.

Show More
Close