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¿Donde está la verdadera felicidad?

Se cuenta la historia de un zapatero que vivía en un pequeño pueblo cerca de la ciudad. Los pobladores contaban que a este artesano con frecuencia se le veía feliz trabajando en su sencillo taller. Siempre recibía con una sonrisa y un buen trato a todo el que acudiera a solicitar sus servicios. Sin duda amaba su trabajo.

En una tarde, pasó un hombre mayor que vivía al lado del local del zapatero. Este señor era viudo y además inmensamente rico. Asombrado por la alegría que el artesano contagiaba a sus clientes decidió visitarlo.

Tocó su puerta y el zapatero sorprendido se apresuró a abrirle. “Buenas tardes Señor, dígame en qué puedo ayudarlo. Le dijo el artesano. “Soy su vecino y desde hace ya varios días, veo que usted disfruta mucho su trabajo, debe hacerlo muy feliz. Pero dígame, quisiera saber ¿cuánto dinero logra juntar al día de la reparación de calzado? Le preguntó el viudo.

Pues si soy sincero con usted, no mucho. Gano lo justo para vivir bien y que no falte nada en casa.-le contesto el zapatero. ¡Vaya, no es lo que yo esperaba! Pero le admiro mucho por su entrega y su alegría diaria. Por eso quisiera ayudarle a mejorar su vida. Tome esta bolsa con cien monedas de oro que quiero obsequiarle sin ningún compromiso, espero y sean suficientes.-Dijo el hombre viudo.

El zapatero, tomó la bolsa de monedas  y las miraba sorprendido pues era demasiado dinero lo que este hombre le estaba entregando sin siquiera conocerlo. ¿Estoy soñando? Preguntó. Pero sin más, agradeció de corazón aquel gesto de caridad del que había sido objeto.

Cuando el vecino partió, el zapatero tomó la bolsa de monedas y llegando a su casa, la colocó debajo de su colchón. Al llegar la noche, seguía sin entender lo que había sucedido, ahora era en un hombre rico. De pronto, surgió en él un sentimiento de angustia y temor de solo pensar en lo que pasaría si alguien se robara ese dinero.

A partir de esa noche dejó de conciliar el sueño. Daba vueltas y vueltas en la cama sin poder dormir en paz, ideando cómo podría cuidar su dinero de los rateros. Era insoportable, no podía descansar. De tal modo que le costaba mucho trabajo poderse levantar a trabajar y en consecuencia dejó de ser aquel hombre amable y feliz con sus clientes.

Pasaron los días y el artesano comprendió que debía regresar ese dinero. Por lo que una mañana se levantó muy temprano y tomando la bolsa en sus manos tocó a la puerta de su vecino. El viudo sorprendido por su visita lo hizo pasar a su casa. Ya adentro, el zapatero le dijo: “He venido a devolverle su generoso regalo, le agradezco mucho la atención que tuvo conmigo pero ya no puedo aceptarlo.” Y estirando la mano le entregó la bolsa.

Pero no entiendo, ¿Cómo puede regresarme usted está fortuna? ¿Acaso no es consciente de lo mucho que puede cambiar su vida con él?- le dijo el viudo.

No lo dudo Señor, pero cuando yo no tenía ese dinero en mis manos, era un hombre muy feliz. Que vivía y dormía muy tranquilo. No necesitaba más que hacer mi trabajo. Pero desde que tengo ese dinero, vivo constantemente preocupado por pensar en qué voy a gastarlo y peor aún, me asusta pensar que pudieran robármelo. Prefiero vivir en paz.

Una vez que abandonó la casa, se dirigió a su trabajo y continúo trabajando como el mismo esmero y entrega que siempre. Esa misma noche pudo dormir tranquilo y en paz por haber hecho lo correcto.

La felicidad y la paz no se encuentran en la acumulación de muchos bienes. Sino en disfrutar y agradecer las pequeñas cosas de la vida diaria.

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