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Domingo de ramos en casa.

Si ellos callan las piedras gritarán

Este domingo de Ramos en el que celebramos la entrada triunfal de Jesús a la ciudad de Jerusalén, para cumplir fielmente la voluntad de Dios. Una decisión difícil para Jesús, pero una decisión firme y contundente por su confianza al saberse Hijo de Dios. Pero también es para nosotros un domingo difícil por la reciente pandemia que azota al mundo, pero esta situación sanitaria no nos detendrá de alabar a Cristo como Rey.

Este gran acontecimiento tiene un gran contenido teológico este domingo es como el comercial de la Semana Santa, ya que en su gran contenido se encuentra la gloria de Cristo en su paso triunfal por este mundo, pero también se nos manifiesta lo amargo que tiene este paso al verse con un tono doloroso en la Pasión.

El alzar ramos de olivo en tiempos de Cristo significaban el triunfo y la gloria, es por eso que los hebreos recibieron así a Jesús proclamando en el cielo un grito de gloria a Dios por su ungido. Todos los elementos que conocemos gracias a los relatos evangélicos manifestaban que Jesús era el Mesías de Yahvé.

Pero, así como lo manifestó el judío en sus exclamaciones de júbilo y gloria, conforme avanzaron históricamente los días, fueron tiñendo de rojo las alabanzas a Jesús y fueron haciendo de él, el Siervo sufriente que los cánticos del profeta Isaías proclaman su humillación hasta la muerte.

Es por eso que el domingo de ramos también se le conoce como el domingo de la Pasión del Señor, pues es el único domingo de todo el año litúrgico en el que se proclama solemnemente la gloriosa pasión que llevo a Cristo a redimirnos de todos nuestros pecados y a darnos vida en abundancia.

Para nosotros estos días han sido difíciles, pues como humanidad enfrentamos una de las más duras pruebas, hemos perdido la paz y hemos entrado a una etapa de pánico y miedo, hemos perdido la estabilidad y vivimos anhelando que todo vuelva a la normalidad; y sin pensarlo estamos como los judíos en tiempos de Jesús, buscamos anhelantemente el paso del Mesías para que con su gloria nos manifieste nuestra salvación.

Es por eso que debemos vivir este domingo de ramos “diferente” como “único”, pues solo cuando hay la necesidad de un Mesías, se valora el esfuerzo que su entrega hace casi dos mil años hizo en favor de todos los hombres.

Hemos vivido en ocasiones la semana santa de rutina, en donde nos es muy común el comprar el ramo de palma y participar muchas veces como un espectador más, viviendo una tradición ancestral; pero en esta ocasión los tiempos nos lo impiden y esto nos ha hecho despertar.

Ahora no podremos salir de nuestras casas para alabar a Cristo como Rey nuestro, pero sí podremos verlo pasar por nuestras calles, sí podremos celebrar su reinado en nuestros hogares, y sí podremos adentrarnos al inicio de esta semana al gran misterio de nuestra salvación. Es la mejor oportunidad que podemos obtener en estos tiempos de crisis iniciar el camino pasional de Cristo, proclamar que Él reina en nuestros hogares y en nuestra vida.

Esforcémonos para que esta oportunidad tenga el mejor de los efectos, y lo tendrá en lo más íntimo de nuestras familias si nos reunimos para mejorar el hogar, para que sea un lugar pacifico pues, el que pasa jubiloso montado en un burrito es el Rey de la paz, por lo que dejémonos de pelear por cualquier estupidez.

Si Cristo reina en mi vida, entonces estoy obligado a dejar de rendirle culto a cualquier ídolo que ha usurpado su lugar y me ha hecho convertido en su esclavo (dinero, lujos, trabajo, placer sexual, etc.) ¡Despierta! Todo esto debe ser vencido para que Cristo sea tu Mesías.

Hoy es domingo de ramos, alabemos la entrada mesiánica de Jesús a nuestra casa y pidámosle que iniciemos junto con Él, la maravillosa experiencia de morir a nosotros mismo para poder resucitar y vivir con Él.

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