MAGIA

¿Dios te escucha?

¿Oras? ¿Crees que Dios te escucha? ¿Alguna vez ha respondido a tus palabras? Muchas veces acudimos a Dios para encontrar respuestas a nuestra vida, pero sentimos que Dios es el eterno indiferente, o bien, sentimos que nuestra oración no es escuchada.

La oración es un diálogo de amor con el mejor de los amigos, con quien desea siempre nuestro bien, con Aquel que nos ha creado y quiere nuestra felicidad. Santa Teresita del Niño Jesús definía la oración diciendo: “Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto en la tristeza como en la alegría”. Pero en ocasiones nuestra oración se puede tornar árida o seca cuando ésta no se hace con fe. 

Me encontré un día con un joven que me interpelaba y me decía que para que hacer oración si al final Dios siempre se salía con las suyas. Yo creo que a este joven le estaba haciendo falta dos características indispensables para la oración: fe y humildad, ya que muchas veces vamos a la oración a decirle a Dios cómo queremos que nos resuelva nuestros problemas y si las cosas no sales como nosotros queremos, nos emberrinchamos y hasta le reclamamos a Dios. La humildad es importantísima porque nos hace ser conscientes de quiénes somos (criaturas) y hacia dónde vamos (cielo).

El Padre Pio decía: “Apenas me pongo a orar, enseguida siento mi corazón como invadido por una llama de amor vivo. Esta llama no tiene nada que ver con cualquier llama que destruye, y no causa pena alguna”. Te invito a que no tengas miedo de hacer oración, Dios que te ama siempre escucha tus súplicas y oraciones y las va a resolver si te convienen. 

Quiero terminar con la sencillez de la Madre Teresa de Calcuta que escribió lo siguiente: “Mi secreto es de lo más simple. Rezo y a través de mi oración me convierto en alguien que ama a Cristo, y veo que rezarle es amarlo y eso significa cumplir con su palabra. Mis pobres de los barrios marginales son el Cristo que sufre. En ellos, el hijo de Dios vive y muere, y a través de ellos Dios me muestra su verdadero rostro. Para mí la oración significa, unirme durante las veinticuatro horas, con la voluntad de Jesús, vivir para Él y con Él”.

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