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¿Dios nos abandona en las dificultades?

José formaba parte de un grupo de oración y estudio de las Sagradas Escrituras compuesto por otros jóvenes de su comunidad. Él era un completo apasionado de conocer a fondo la palabra de Dios. Sucedió que en una ocasión que hacía su lectura personal, se encontró con la cita bíblica: “Purificará a los hijos de Leví y los refinará como se hace con la plata.” (Malaquías 3, 3). De inmediato esta expresión llamó su atención. Nació en él la necesidad de conocer cómo es que se “refina” la plata, para así entender como mayor profundidad lo que Dios quería decir.

Una vez que compartió con sus compañeros su inquietud, les propuso que iría a visitar a un platero para conocer su oficio. Y una vez que terminara volvería con ellos para contarles su experiencia. Todos apoyaron su idea y esperarían su regreso a clases.

Cuando encontró el taller del artesano, entró hasta donde aquel hombre se encontraba trabajando y le pidió que le explicara detenidamente cómo era el proceso de refinar la plata. El platero comenzó su a explicarle paso a paso cómo es que llevaba a cabo este delicado oficio. Después que el platero lo describiera, José preguntó: “Señor, ¿usted permanece sentado mientras que está en el proceso de la refinación?”

“Sí claro”, contestó el platero; “debo hacerlo para poder observar de forma cuidadosa y frecuente el horno donde se encuentra la plata, porque si el tiempo necesario para la refinación se excede en el grado más leve, la plata se dañaría y sería casi imposible trabajar con ella”.

La inquietud de José fue aumentando y volvió a preguntar: “Señor y ¿cuándo es que usted reconoce que el proceso de refinación está ya completo?”, “Muy fácil”, contestó el artesano, “Tomo con cuidado la pieza y la observo fijamente, y cuando logro ver mi reflejo en la plata, es la señal de que el proceso ha concluido con éxito”.

Fue allí cuando José entendió el sentido de aquellas palabras que había leído: “Purificará… y los refinará como se hace con la plata”. Así como el platero cuidadosamente observa el proceso de refinación del metal, Dios también lo hace con nosotros sus hijos. Y todo, para que la obra que resulte sea la mejor de todas. Hemos sido creados a imagen y semejanza del Padre celestial.

Al igual que la plata debe de pasar por un proceso de purificación y refinación para poder ser la mejor pieza de todas, también nosotros debemos ser purificados y refinados en el amor. De allí el origen de las pruebas y dificultades que vivimos a diarios. Dios sabe que tenemos que pasar por ellas para poder ser vivos reflejos suyos.

Pero no te abrumes ni te pongas triste. Pues como el platero no aparta su mirada del horno para que exceder el proceso, así Dios no apartará ni un momento su mirada de tu vida ni de tus circunstancias y dificultades. Pues ya lo dice San Pablo: “Dios es fiel y no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas. ”  (1 Co. 10, 13) Dios sabe hasta cuándo, pues él  sabe que el resultado será mayor que cualquier situación de dolor por la que estés pasando.  

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