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¿Diaconisas en la Iglesia Católica?

Me rasgo las vestiduras

En estos días que se lleva a cabo la reunión de los Obispos del mundo entero en comunión con el Papa, se está reflexionando, a la luz del Espíritu Santo, la posibilidad de dar a las mujeres un ministerio eclesial que desde antiguo se conoce como la “diaconía”.

Esto, para muchos católicos, ha suscitado una serie de interrogantes y de cuestionamientos. En algunos sectores se critica la propuesta del Papa, argumentando una supuesta ligereza con la que estaría llevando a la Iglesia. Pero también, en otros ambientes, se ve como una respuesta prudente y necesaria por la falta de sacerdotes en el mundo entero, y siendo así, estas nuevas “ministras” pudieran ayudar a la Iglesia en los lugares de mayor carestía.

Hemos de iniciar diciendo que, en primer lugar, nadie debería criticar al Santo Padre de la forma que la mayoría de los clérigos ultra conservadores lo están haciendo, porque son juicios mordaces y recordemos que el Papa es la roca donde se instituye y se afianza la Iglesia, quien lo ataca, destruye la unidad y provoca caos y confusión entre los fieles.

También esto no debería de resultar de extrañeza para nosotros, pues si defendemos mucho la Tradición de la Iglesia, podemos leer que en los inicios las “diaconisas” ayudaban a los apóstoles, el mismo Pablo nos da recomendación de una Febe en su Carta a los Romanos (Rm 16, 1-2).

A partir del siglo III, en distintas partes de Oriente, se designaron oficialmente las diaconisas, para que participaran en la instrucción y bautismo de las mujeres y en las visitas a las enfermas, que necesitaban de ellas para asearse y, para llevarles la Sagrada Comunión.

Estas mujeres, al igual que la intención actual del Papa Francisco, no recibían las órdenes sagradas y perfectamente se diferenciaban de los sacerdotes y los diáconos varones pertenecientes al Ministerio Sacerdotal. Estas servidoras eran designadas para salvaguardar el pudor de las mujeres dentro de los servicios espirituales, por ejemplo en el bautismo, el sacerdote ungía la cabeza, y las diaconisas realizaban las demás funciones.

El Concilio de Calcedonia del año 451, establece la edad mínima para ordenar diácono a una mujer sin que esta pase de los cuarenta años y sin realizar un examen minucioso de su vida, así como que tuviera ya el sacramento del matrimonio o, al menos, no lo despreciara. Las diaconisas, tanto en la Iglesia latina como en la oriental, irán desapareciendo poco a poco, hasta llegar a extinguirse en el siglo XI.

Con esta información, puedes ver que en la antigüedad y en la actualidad el ministerio de las diaconisas no era similar al de los diáconos varones, que recibiendo el Orden Sacerdotal, quedan consagradas para siempre como ministros de Cristo. Las diaconisas han sido mujeres preocupadas por el bien de la Iglesia, sirviendo siempre a los fieles, ayudando en la administración de los sacramentos y en el cuidado de la evangelización.

¿Acaso estas funciones te parecen extrañas y herejes? ¿Apoco no hay mujeres que en tu comunidad sirven de esta manera a la Iglesia, aun sin el título de “diaconisas”?

Creo que debemos de analizar nuestros juicios y ver qué tanto contenido tienen, sólo así podremos dejar actuar al Espíritu Santo, el cual es quien gobierna a la Iglesia y que, sin lugar a dudas, asiste al Papa Francisco. Dejemos de rasgarnos las vestiduras y comencemos a orar por la Iglesia reunida en el sínodo, buscando estrategias pastorales para el bien de la amada Esposa de Cristo.

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