DIOSLa Charla Dominical

¿De qué cosas alimentamos nuestro corazón?

Queridos amigos, hemos iniciado el tiempo de la Cuaresma, tiempo de conversión y de preparación para la Pascua. Es un tiempo adecuado para discernir y luchar contra todo aquello que nos aparta de Dios. Será un tiempo de lucha, de desierto y de tentaciones, pero al final, buscamos llegar a reavivar nuestro amor al Señor y reafirmar nuestros compromisos.

En el Evangelio de hoy vamos a escuchar las tentaciones que Jesús tuvo en el desierto y de cómo pudo salir victorioso de cada una de ellas. Antes de entrar de lleno y reflexionar cada una, quisiera que tomáramos en cuenta dos aspectos: Jesús fue guiado por el Espíritu hasta el desierto y fue tentado por el demonio.

El Espíritu del Señor busca adoradores en verdad, por eso él mismo permite y nos lleva al desierto para purificarnos. El desierto es un lugar de aridez, es un lugar de lucha, pero no estamos solos, sino que el Espíritu nos acompaña siempre, no hay que tenerle miedo al desierto. El desierto nos lleva a un despojo tal y a una desnudez tal que nos deja vernos tal cual somos y por eso nos asusta, porque nos deja ver qué tenemos que cambiar.

Además, no debemos ver las tentaciones como un camino negativo, ya que las tentaciones diarias no son un obstáculo para encontrarnos con Dios, al contrario, son una oportunidad para madurar en la fe y crecer, son una ocasión para responderle a Dios en fidelidad y así unirnos más a Él. La clave está en no sucumbir en las tentaciones.

Las tres tentaciones son las siguientes:

“Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”

El tentador toma la iniciativa ante el hambre de Jesús, después del ayuno de 40 días. El demonio conoce las necesidades sensibles de cada uno y nos propone cosas fáciles para llenar esos vacíos. Es la tentación de la carne, de los placeres, de la vida fácil, de lo inmediato y lo cómodo que no me lleve a sufrir o pasar alguna dificultad. Es la tentación de vivir sin Dios, porque al querer vivir sin las exigencias que su amor conlleva, al final, es querer vivir sin Él.

La respuesta de Jesús fue: “No sólo de pan vive el hombre” ¿De qué nos alimentamos todos los días? ¿Cuál es el alimento de nuestra alma?

“Todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras”

Es la tentación del poder, de los ídolos que nos esclavizan, de los falsos dioses que nos prometen una vida cómoda: dinero, fama, afectos desordenados, etc. Cuidado porque el poder corrompe el corazón del hombre, lo esclaviza y lo hace arrastrarse sacrificando sus valores y hasta su propia dignidad.

La respuesta de Jesús fue: “Al Señor, tu Dios, adorarás y sólo a Él darás culto” ¿Cuántos y cuáles ídolos hay en mi vida?

“Si eres Hijo de Dios, arrójate desde aquí”

Es la tentación del triunfo espectacular, de lo maravilloso, del triunfo fácil. Es una tentación de soberbia, de querer ser más, de apantallar, de creerme superior.

La respuesta de Jesús fue: “No tentarás al Señor, tu Dios”.

Como vemos, todas las tentaciones tenían como objetivo apartarlo del Plan de Salvación, alejarlo del Plan por el cual había venido, alejarlo de la cruz y de todo lo que implicaba. El tentador ofrece prestigio y comodidad, en lugar de la cruz y el sacrificio.

¿Cómo podemos vencer todas estas tentaciones? Te propongo tres cosas:

Confianza en Dios:

Él nunca nos abandona en las pruebas, no hay que desesperar, sino que hay que obedecer como Jesús lo hace.

Espíritu de sacrificio:

Para desprendernos de tantas cosas innecesarias debemos mortificarnos y aprender a renunciar. Ayunar de tantas cosas que nos debilitan la voluntad y nos esclavizan en el interior.

Vida de oración:

Hacer de la Palabra de Dios nuestro pilar, porque siempre las respuestas que Jesús daba eran bíblicas. Esto nos enseña que la Palabra de Dios es un auténtico camino de libertad interior, por eso oremos con la Palabra de Dios.

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