DIOSLa Charla Dominical

¿Cuántas esclavitudes llevamos en el corazón?

Charla Dominical

Queridos amigos, en este Domingo, el Señor quiere que dejemos atrás tantas cosas y situaciones que nos han robado la paz, que aprendamos a darle vuelta a las páginas trágicas de nuestras vidas y aprendamos a vivir en la verdadera alegría cristiana. Es por eso que hoy encendemos la tercera vela de la Corona de Adviento, la cual es signo de: esperanza, paz y alegría.

Hoy, San Pablo nos dice: “Hermanos: estén siempre alegres en el Señor, se los repito, estén alegres. No se dejen inquietar por nada; antes bien, en toda ocasión, presenten a Dios sus peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias”. Muchas veces vamos caminando por la vida cargando un montón de basura inútilmente, dejándonos amargar por situaciones del pasado que no podemos cambiar. Éstas nos atan y nos esclavizan y no nos permiten experimentar la alegría que Dios nos quiere dar.

Por eso, San Pablo, conociéndonos muy bien, nos dice que no nos preocupemos por nada. Si hay algo que te molesta, te duele o te hiere… preséntaselo a Dios y déjaselo a Él. No permitas que la basura de los problemas, de las heridas o de las angustias, te ensucien, te hagan oler mal y te echen a perder.

¿Qué sucede cuando hemos perdido la alegría por lo que he vivido en el pasado?

Lo que sucede es que me da el síndrome de la tortuga, ya que me encierro en mi caparazón cuando veo venir a alguien. Egoístamente me aíslo, me aparto, me refugio y voy muriendo lentamente en mi amargura y soledad. Lo cual me lleva a una tristeza y a un vacío existencial.

¿Qué debemos hacer para salir de ahí? La respuesta la encontramos en el Evangelio de Lucas, quien nos dice lo que debemos de hacer para cambiar de vida y en donde se la fuente de esa alegría. En esta parte del evangelio, varios tipos de personas le hacen a Juan la misma pregunta: ¿Qué debemos hacer? Y les respondió lo siguiente: el que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo. No exijas más de lo establecido y no hagas extorsión ni se aprovechen de nadie con falsas denuncias.

Pues yo creo que estas invitaciones son también para nosotros. No podemos acumular y acumular, que ahí no se encuentra la felicidad, sino en el compartir lo que somos y lo que tenemos. ¿Quién es aquel que puede compartir? Sólo el hombre verdaderamente libre.

Así, pues, hoy descubrimos que Dios nos llama a la alegría y ésta únicamente se puede alcanzar saliendo de nuestro egoísmo y compartiendo nuestra persona con los demás ¿Cuántas esclavitudes llevamos en el corazón que no nos dejan libres, que no nos permiten compartir y, por lo tanto, no experimentamos la verdadera alegría?

A lo mejor pienses que no tienes mucho para dar y compartir, y es por eso que no lo haces. Pero recuerda que el compartir, poco o mucho, pero de corazón, ayuda enormemente. La Madre Teresa de Calcuta decía: “Yo sola no puedo cambiar al mundo, pero puedo lanzar una piedra a través del agua para crear muchas ondulaciones”.

 

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