DIOSLa Charla Dominical

¿Cuántas ataduras tienes en tu corazón?

Charla Dominical

Queridos hermanos, en este domingo, Jesús nos invita a seguirlo ya que Él quiere ser la respuesta a nuestra vida, quiere ser nuestro tesoro, quiere otorgarnos la libertad y la felicidad verdadera. Pero para lograr esto debemos desprendernos de todas nuestras ataduras.

En el Evangelio del día de hoy, escuchamos el encuentro de Jesús con un joven con mucho interés por ganar la vida eterna; este joven parece sincero con su deseo. Jesús le recuerda el camino de los mandamientos y el joven asegura que es fiel cumplidor de ellos. Y entonces dice Marcos que: “Jesús lo miró con amor y le dijo: sólo una cosa te falta: ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después ven y sígueme”.

Algo hermoso de esto es la mirada amorosa de Jesús, una mirada que no juzga cruelmente, sino que lo invita a una vida de plenitud. ¿Cuál fue el desenlace? El joven se retira entristecido ya que no tiene el valor, el coraje y la libertad para dar el paso. A nosotros nos puede pasar igual, estar tan apegados a cosas materiales o a nuestros propios planes personales, que no tenemos la valentía para realizar el plan que Jesús quiere de nosotros.

Muchos jóvenes corren y se arrodillan, tal como lo hizo este joven del Evangelio, la diferencia está en que este joven lo hizo frente a Jesús, mientras que muchos lo hacen frente a tantos ídolos: el sexo, la droga, el alcohol, la pornografía, el futbol, la música, etc.

Cuando Jesús le pide que fuera a vender todo lo que tenía y diera el dinero a los pobres, en realidad le estaba dejando al descubierto lo que le faltaba: libertad. Ya que sólo alguien libre es capaz de seguir a Jesús y ser feliz. A este joven le ataban las riquezas, él era esclavo de ellas.

Aquel joven tenía todo y aun así muestra deseos de felicidad, de encontrar una vida auténtica y verdadera. Si los bienes que poseía le hubieran dado la felicidad y lo hubieran llenado, no habría acudido a Jesús. Pero, al toparse con esa propuesta tan radical, se da cuenta de que le falta libertad interior para dar el paso y decidirse por lo que Jesús quiere para él.

¿Qué cosas hay en tu corazón que no te dejan seguir a Jesús? Debemos dejar que su mirada de amor penetre nuestros corazones y nos deje al descubierto nuestras ataduras, nuestras esclavitudes y nuestros ídolos.

Aquel joven rico quería invertir en la bolsa de valores en el cielo, pero sin deshacerse de los valores en esta tierra. Tengamos cuidado ya que Dios no quiere las sobras de nuestro amor o de nuestro tiempo. Cristo lo quiere todo, porque sólo así, entregándole todo, es como se puede transformar nuestra vida.

Dios no nos obliga, siempre respeta nuestra libertad; siempre propone, nunca impone. Si descubrimos que tenemos sed de dinero o una gran avaricia en el corazón, es que nos falta experimentar el amor de Jesús.

El Papa Francisco dice: “Hay un misterio en la posesión de las riquezas. Las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y hacernos creer que estamos en un paraíso terrestre. Sin embargo, ese paraíso terrestre es un lugar sin horizonte, vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza es una vida triste. El apego a las riquezas nos entristece y nos hace estériles”.

Termino con unos comparativos que me encontré y se me hicieron muy interesantes: el dinero comprará una cama, pero no sueños; libros, pero no el cerebro; comida, pero no apetito; adornos, pero no belleza; una casa, pero no un hogar; medicina, pero no salud; lujos, pero no felicidad; una banca en la Iglesia, pero no en el cielo; un crucifijo, pero no un salvador.

 

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