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¿Cuánta dureza llevas en tu corazón?

Charla Dominical

Queridos hermanos, en este domingo, el Señor quiere recordarnos que todos nosotros que seguimos a Jesús, somos llamados a vivir en fidelidad. Esta fidelidad la vamos a expresar en una entrega generosa de nuestra persona. En especial, hoy Jesús hace un llamado a todos los matrimonios a vivir esta fidelidad en su relación.

En el Evangelio vemos que los fariseos le preguntan a Jesús si está permitido el divorcio. En su respuesta, Jesús los refiere a lo que hizo Moisés, ellos le dicen que entonces por qué Moisés sí lo permitió. En la respuesta de Jesús encontramos una gran enseñanza:

“Moisés prescribió esto, debido a la dureza de su corazón. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Además, conviene recordar lo que dice Génesis respecto a la creación de la mujer: “no es bueno que el hombre esté sólo. Voy a hacerle a alguien como él, para que le ayude. […] De la costilla que la había sacado al hombre, Dios formó una mujer”. Qué maravilla ver la preocupación de Dios por nosotros.

“No es bueno que el hombre esté sólo”, esto nos recuerda que el hombre es un ser necesitado, estaba incompleto y Dios creó su complemento. Cuántos matrimonios viven juntos, pero en realidad, al ya no haber amor y al no donarse totalmente, están solos, hay mucho vacío y soledad en su interior.

Nunca hay que olvidar que Dios no creó al hombre para que viviera en la tristeza, en la soledad o en el vacío de la vida, sino para compartir su vida como un don generoso con otra persona. Los esposos deben comprender y nunca olvidar que ellos son un DON DE DIOS para su pareja. Y, cuando dejan que el egoísmo se arraigue en su interior, comienzan a endurecer el corazón, como Jesús nos decía en el Evangelio, y dejan de lado el plan de Dios para ellos.

¡Cuánta dureza llevamos en el corazón que no nos permite vivir en la fidelidad de nuestro llamado y de nuestras vidas! No hemos entendido que lo que llena y sacia el corazón del hombre es el amor verdadero y no lo que el mundo nos ofrece. Los esposos encuentran ese amor verdadero dentro de su matrimonio y no fuera de él.

El Papa Francisco, en alguna ocasión, dijo algo muy interesante: “Hoy se vive la paradoja de un mundo globalizado en el que vemos tantos progresos materiales, pero cada vez menos calor de hogar y familia. Muchos proyectos ambiciosos, pero poco tiempo para disfrutarlos en común”.

Recuerden que Jesús dijo: “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Queridos matrimonios, no permitan que la soledad, la tristeza, la rutina, el trabajo o cualquier otra cosa, los separe a ustedes. Vivan amándose y entregándose en la fidelidad, sabiendo que son un don de Dios para su pareja y su familia.

Un día dos amigos se encontraron y uno de ellos le dijo al otro: “Estoy a punto de casarme. Soy muy feliz. ¿Y tú has pensado en casarte? Cuando era joven solía pensarlo y lo deseaba ardientemente, pero decidí esperar hasta encontrar a la mujer perfecta. Así que viajé a Damasco y allí encontré a una mujer muy hermosa, amable y espiritual, pero estaba desconectada de las cosas del mundo. Viajé a Alejandría y encontré a una joven que era espiritual y conocedora de los asuntos del mundo, pero no logramos comunicarnos bien. Finalmente fui al Cairo y allí encontré a la mujer perfecta. ¿Y te casaste?, le preguntó el amigo. Desgraciadamente no, porque ella buscaba al hombre perfecto.

Ánimo, no existe el esposo perfecto ni la esposa perfecta. El matrimonio que vive feliz es aquel que vive la fidelidad activa, es decir, que alimenta su amor todo el tiempo y hace todo lo posible por renovar su amor y su entrega sincera.

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