Formación de mi feIglesiaVIDAS NUEVAS

¿Cómo vivir el duelo por la muerte de un ser querido?

Creamos en la resurrección de Cristo

Nosotros los cristianos que creemos en la resurrección de Cristo debemos proponer una nueva manera de vivir como creyentes, nuestra condición de herederos de una nueva vida debe reflejarse en el modo de afrontar la realidad de la muerte terrena de nuestros seres queridos, que es la que vivimos y sufrimos de un modo pasivo; pero que también debe disponernos a tener una calidad de vida que se coronará cuando llegue el momento de nuestra muerte.

Muchas veces esta realidad tan humana nos sobrepasa y parecería que nos retrocede en nuestro camino de fe, porque las manifestaciones más comunes cuando se presenta el desenlace de la vida de un ser querido es el enojo y la culpabilidad a Dios como autor de la vida y de la muerte.

Esto de primera mano es una reacción que se podría comprender por el estado de duelo, pero que no se puede permitir que se continúe con esta actitud de una fe debil, al contrario, es necesario que se tomen los acontecimientos más dolorosos de nuestra condición humana desde la esperanza cristiana que nos brinda un futuro alcanzado por Cristo para el hombre.

Nosotros los creyentes tenemos este gran beneficio, al poder conocer por medio de la Revelación, el destino final del hombre que es la vida eterna, la bienaventuranza del cielo, en donde podremos contemplar cara a cara a Dios y vivir en el paraíso preparado para nosotros desde los inicios del mundo.

Por lo cual debemos afianzar nuestra fe en la resurrección de Cristo, que es el núcleo de nuestra esperanza, como lo decía san Pedro en su predicación y como el mismo san Pablo también lo predicaba cuando esparcía el kerigma al mundo pagano.

El evento pascual “pasión, muerte y resurrección de Cristo”,no sólo debe ser conocido por nosotros los bautizados, sino que debemos tenerlo en nuestro corazón y en nuestra mente, desde una experiencia viva del Resucitado que obtenga de nosotros una fe renovada que evangelice a los hombres de nuestro entorno.

Solo desde esta conversión podremos vivir un duelo cristiano, sabiendo que la muerte no ha tenido la última palabra en nuestra existencia, pues ha sido aniquilada por el que es el Dios de la vida, Jesucristo que nos llama a su vida inmortal.

Este mérito es universal, para todos los hombres de buena voluntad. La resurrección podría ser para toda la humanidad una esperanza que despejará el sin sentido con el que se vive desde temprana edad. Parecería que los hombres de nuestro tiempo están hundidos en una caverna en la cual gozan los eventos temporales, eligen lo que les produce placer y miran el presente con una codependencia, pues es lo único con lo que se cree que cuentan. Y ¡No es así!

Debemos con nuestra vida poder proyectar la esperanza que nos trae la victoria pascual de Cristo, la cual da luz y vida a nuestra existencia. La vivencia de la alegría pascual debe ser para todos los hombres de la tierra un renacimiento personal y comunitario, pues la alegría del Evangelio al descubrir que la tumba estaba vacía fue la que desbordo el gozo y la esperanza de nuevo en la primitiva Iglesia.

Todos los relatos evangélicos de la resurrección nos iluminan, nos enseñan como el miedo y la tristeza, tienen su fin con las palabras esperanzadoras de Cristo que alejan el temor y la confusión y nos regala el mayor don del Resucitado: la paz. Convirtámonos pues en testigos de Cristo resucitado, manifestando la alegría que vence la tristeza y la convierte en paz para todo el mundo.

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