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¿Cómo podemos ser católicos auténticos?

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Es muy triste ver la crisis de fe que actualmente se está viviendo. Tantos que se han apartado de la Iglesia por el mal testimonio de muchos de nosotros. Otros tantos que se han dejado influenciar por pensamientos y corrientes equivocadas que terminan dañando y dividiendo a los demás. Otros más que se dicen católicos, pero que sólo lo son de nombre más de no vida. ¿Qué debemos hacer para cambiar esto?

Hay una grande crisis de fe, pero es responsabilidad de todos los bautizados. La Iglesia y el mundo necesitan católicos que demos testimonio de una fe viva en la vida cotidiana. Esa fe que es capaz de convertir y transformar la vida de otros, que es capaz de comunicar el verdadero amor de Dios. Hacen mucha falta católicos auténticos.

Por eso, si tú quieres convertirte en un católico auténtico, capaz de transformar vidas, debes fomentar estas 4 actitudes:

1.-Convicción: Un auténtico católico está convencido de lo que cree. Se mantiene firme en su fe, aún a pesar de las circunstancias adversas y las dificultades que eso conlleva. Se sabe y se reconoce como hijo de Dios y miembro de la gran familia de la Iglesia Universal, con esto, asume su responsabilidad como tal. No cree sólo en lo que le conviene y es útil para su vida, sino en todo lo que Dios, a través de Cristo y de su Iglesia, nos ha revelado. Además, la convicción viene cuando se estudia y se nutre continuamente de la Palabra de Dios, para luego compartirla y animar a otros a hacer lo mismo. Además, un católico auténtico no se conforma con poco, sino que procura cuidar la gracia de Dios, mediante la participación constante en los Sacramentos, especialmente el de la confesión y la Eucaristía. Finalmente, busca siempre ser imagen de Cristo, amando como Él ama, sirviendo como Él lo hace y apartándose a tiempo de lo que lo aleja de Dios. Ya nos invita San Pablo: “Sean mis imitadores, como yo lo soy de Cristo” (1Co 11, 1).

2.-Coherencia: Dice el Papa Francisco que debemos: “pensar, sentir y vivir como cristianos, y no pensar como cristianos y vivir como paganos”. Es decir, o somos cristianos de tiempo completo o no lo somos. Muchos católicos, por su falta de coherencia y testimonio, han alejado de la fe a muchos. ¡Qué daño tan profundo hace esta actitud! Sólo llegaremos a ser auténticos católicos si pasamos de las palabras a los hechos. No se es católico sólo cada domingo en misa o cuando se reza el rosario. Tampoco se es más católico o no por el número de imágenes y contenido religioso que compartas en tus redes sociales. Solamente a través del testimonio coherente de vida es que demostraremos que somos católicos auténticos. En todos tus ambientes debe notarse que crees y vives verdaderamente tu fe. ¿Cómo está tu fe? ¿Es una fe vacía, barnizada y superficial, o es una fe que alcanza y transforma corazones? Jesús nos exhorta a ser luz para los demás: “Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos” (Mt 5, 16).

3.-Vida interior: Un católico que no se nutre de la oración y de los sacramentos, está condenado a irse apagando poco a poco. ¿Cómo está tu vida interior? ¿Haces oración de manera frecuente y participas de los sacramentos? Jesús, antes de iniciar su jornada, pasaba noches enteras en constante oración con su Padre, ¿por qué nosotros no hemos de necesitarlo? Una vida de oración y de encuentro diario con el Señor, fortalece el alma. Cuando alguien lleva una vida de oración se nota, pero también se nota, aún más, cuando alguien ni si quiera se persigna a la hora de levantarse. ¡Ten cuidado, porque la vida interior puede esfumarse muy fácil si no se persevera en ella! Procura que Dios sea el motor de tu vida diaria y proponte hacer crecer esa relación de amor con Él todos los días. Ya nos aconseja San Pablo: “Sean constantes en la oración; quédense velando para dar gracias” (Col 4 ,2).

4.-Humildad: Un católico humilde es quien se reconoce como hijo de Dios, pero que también se sabe pecador y reconoce que, al igual que todos, tiene limitaciones y se equivoca frecuentemente. La humildad le ayudará a reconocer sus debilidades, lo impulsará a pedirle perdón a Dios y a los demás, y a saberse necesitado de la ayuda de Dios para no volver a cometer los mismos errores. La clave está en servir con alegría y desinterés y en hacer todo con amor. De esta manera, nuestras debilidades se convertirán en fortalezas para ayudar a otros. En la humildad conocemos nuestras miserias y a la vez nuestras más grandes fortalezas. Te invito a seguir este consejo: “Sean humildes, amables, comprensivos, y sopórtense unos a otros con amor” (Ef 4, 2).

Siendo auténticos católicos, seremos signos de contradicción y luz para el mundo. Ánimo, seamos hombre y mujeres que, a través de la verdad y la fe, demos testimonio de las bendiciones que Dios ha hecho en nosotros. 

 

 

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