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¡Cambia tu estrategia y cambiarás tu vida!

En una famosa esquina del centro de una gran ciudad, se encontraba sentado un pobre viejo que estaba ciego. Cada mañana, al llegar a su lugar, colocaba frente a sus pies un gorra que servía como recolector de monedas. Después, tomaba un pedazo de cartón en donde escribió: “Ayúdame por favor, soy ciego”, y se sentaba a esperar a que cayera la tarde y juntar algo de dinero para subsistir.

Los locatarios que ya lo conocían, tenían siempre atenciones con este hombre. Algunos le invitaban un vaso de agua y algunos otros, un platillo de comida. Pues de lo que lograba juntar apenas y le alcanzaba para lo más indispensable.

Un día, un hombre que paseaba por aquellas calles, decidió entrar a un reconocido café que estaba a contra esquina de aquella escena. Sentado en una de las mesas que daba a la calle se puso a observar las reacciones que tenía la gente cuando pasaba frente a aquel hombre ciego.

Observó cómo algunos que al pasar, miraban su cartel y seguían de largo. Mientras tanto la pequeña  gorra seguía con pocas monedas. Al salir de aquel local, se paró frente a él  y le dijo: “Señor, buenos días, lo he observado con detenimiento y he visto cómo la gente pasa sin ayudarlo. Yo soy diseñador y me gustaría ayudarlo, ¿me lo permite?”  Si claro que si, muchas gracias.-dijo el viejo.

Tomó el cartel, le dio vuelta, tomó una pluma y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de cartón sobre los pies del ciego y se fue.  ¡Listo señor, muchas gracias! y se retiró.

El viejo, desconcertado recogió su gorra y comenzó a tocarla pensando que dentro de ella, encontraría algunos billetes o algo de valor que aquel hombre le había dejado. Cuál fue su decepción cuando descubrió que estaban las mismas pocas monedas.

Más tarde, el diseñador volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, pero ahora observó cómo su gorra estaba llena de muchos billetes y monedas. Se acercó con él y le dijo: “Buenas tardes, Señor, como le ha ido” El ciego reconoció su voz y le preguntó si había sido él, el que había modificado su cartel, pues no podía creer lo que estaba pasando. Al instante le pidió que le dijera que era lo que había escrito.

El diseñador le tomó la mano y le dijo: “Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras”. Luego, sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: “Hoy es primavera, y no puedo verla”

Aunque tus circunstancias parezcan difíciles de superar, siempre hay una solución a la vuelta de la esquina. Solo es necesario cambiar de estrategia y confiar. Dios te ha dotado de grandes y únicos dones para que logres tus metas.  Atrévete a hacer la diferencia y deja de lado tus miedos. Si tienes paciencia podrás disfrutar de los resultados.

 

 

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