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¿Alguna vez has dudado de la presencia real de Cristo en la Eucaristía?

Hace algún tiempo escuché cómo una chica comentaba con preocupación la duda que surgió en su mente cuando participaba en la Misa. Decía que, mientras el Sacerdote elevaba la hostia en el momento de la consagración, vino a su cabeza un pensamiento que la hizo dudar sobre la verdadera presencia de Jesús en el Sacramento de la Eucaristía.

Me comentaba que, un sentimiento de miedo comenzó a apoderarse de ella, no sabía de dónde le venía ese mal pensamiento. Después de un rato, se dispuso a comulgar y aquella duda desapareció ¿Es normal experimentar estas dudas? ¿También a los Sacerdotes y religiosas les puede pasar esto? ¿Qué debemos hacer?

Dice San Pablo: “pues caminamos en la fe y no en la visión” (2Cor 5, 7). Y esto es verdad, a pesar de que, como cristianos nunca hemos visto a Jesús cara a cara, le conocemos, creemos en Él y le amamos; esta es la experiencia de ser cristiano. A Cristo lo conocemos gracias a la Palabra, pero lo vemos y experimentamos su presencia a través de los Sacramentos, especialmente en el de la Sagrada Eucaristía, en donde se hace presente, ya que en la Eucaristía está su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Y es que, por nuestra fragilidad humana, es normal experimentar momentos en los que nuestra fe tambalea y se llena de dudas. Por lo tanto, el que un laico, consagrado o sacerdote experimente dudas en su fe, no es signo de escándalo, sino motivo para fortalecerla.

Estas dudas son pasajeras y deben ser consideradas como una tentación o distracción del demonio. No debemos deleitarnos en ellas ni alimentarlas, sino que, al contrario, hay que sostenernos de todas las experiencias y gracias con las que el Señor nos ha demostrado una y otra vez que está siempre presente entre nosotros.

Hay que dejar claro que la tentación no es pecado, lo que sí lo es, es consentir esas dudas de manera intencional y consciente. Ahora bien, ¿qué sucede si un sacerdote mientras se da la consagración duda sobre la presencia real de Cristo? ¿Si esto sucede, al comulgar ya no recibimos a Cristo sino sólo pan? No, basta con que el ministro (sacerdote) tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Podríamos decir que es el vehículo o el medio para que se dé la transustanciación, para que Cristo mismo se haga verdaderamente presente en las especies eucarísticas, para así también nosotros alimentarnos de Él, aún a pesar de que, en el interior del sacerdote, existan dudas.

Si el sacerdote realiza todo lo que marca la liturgia para celebrar el Sacramento de la Eucaristía, es decir, utiliza la forma adecuada (las palabras) y utiliza la materia válida, y si tiene la intención de hacer lo que hace la Iglesia, en consecuencia, ese Sacramento será válido y real, independientemente del estado del sacerdote. Incluso, si el ministro (sacerdote) no cree o no se encuentra en estado de gracia, al momento de realizarlo, el sacramento es válido. A esto se le conoce con la expresión ex opere operato, es decir, que el sacramento tiene poder y es eficaz por sí mismo.

Como ejemplo, podemos recordar el milagro eucarístico de Orvieto, en Italia, que a mediados del siglo XIII, el Padre Pedro de Praga dudaba sobre la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Entristecido por esa crisis de fe, decidió ir en peregrinación a Roma para fortalecerla. Pasando por Bolsena, pidió celebrar la Santa Misa en la cripta de Santa Cristina y, al momento de elevar la Sagrada Hostia, ésta comenzó a sangrar y a manchar todo el corporal. Milagro que dio lugar a la institución de la festividad del Corpus Christi por el Papa Urbano IV. Por lo que podemos constatar que ni las dudas de aquel sacerdote impidieron que Cristo se hiciera presente en el altar.

No permitas que las dudas internas y externas inquieten y apaguen tu fe, mejor conócela, vívela y defiéndela. Y, cuando las incertidumbres lleguen a ti, pídele al Señor que las expulse de tu corazón y te permita enamorarte cada vez más de este sagrado misterio.

Ten presente estas palabras de San Cirilo de Jerusalén: “Los que reciben la comunión deben estar plenamente convencidos que lo que aparenta ser pan, no es pan, aunque sabe así, sino el cuerpo de Cristo, y lo que aparenta ser vino no es vino aunque el sabor es así”.

Recuerda las palabras que Jesús le dijo a Tomás: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20, 25). Al decir esto, el Señor pensó en cada uno de nosotros, consciente de nuestras fragilidades, pero que por su gracia creemos en Él.

 

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