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¿Soy adicto a la pornografía?

La pornografía es uno de esos temas de los que se habla poco, pero influye mucho. En la sociedad occidental se ha dado la tendencia de considerar verdaderamente reprobable la denominada pornografía infantil, y, a juzgar por las reacciones que suscita cualquier intento de contener otras modalidades, hay más adicción de lo que parece.

También la pornografía de lujo, que pretende ser aceptada bajo el término de “erotismo”, se abre paso en los medios de comunicación, la publicidad o las modas. En nuestra sociedad hay una notoria contradicción en toda esta materia, pues si bien relega la pornografía a las salas X, a las zonas especiales de los videoclubs o las sex shops sin escaparates, valora por el contrario muy positivamente el erotismo tal como muestran constantemente los medios de comunicación, la publicidad o las modas.

Las transparencias y exhibiciones de las modelos en los desfiles de alta costura son un preciso indicador de este ambiente erotizado que multiplican los medios de comunicación. Quizá por ello muchas personas tienden a pensar que el erotismo es un valor cultural que puede llegar a ser un arte exquisito y sofisticado, mientras que la pornografía no sería otra cosa que el erotismo degradado para consumo de los incultos, pobres, o viciosos.

El gran problema está en que la pornografía se encuentra ahora al alcance de cualquier “click” de internet, sin fronteras, sin límites, sin respetar edades, credos o condiciones sociales.

De aquí que la pornografía es “material o comportamiento de naturaleza sexual o erótico y/o que representa a la sexualidad (es decir, “sexualidad” en el sentido de relaciones sexuales reales), y que constituye un error moral no sólo porque resulta desmedido en cuanto al comportamiento que describe, sino también porque aparece más directamente interesado en invitar al espectador, por cualquier medio, a la excitación que resulta del comportamiento representado.” Y, además de constituir un error moral al representar la falta de moderación, la pornografía es material un comportamiento sexual o erótico que denigra a la persona al cosificarla, y potencialmente peligroso.

El video que te presento, forma parte de una iniciativa llamada “Fight the new drug” que en redes sociales ha utilizado el hashtag #Pornkillslove, buscando concientizar a las personas del verdadero daño que genera en la sociedad y en uno mismo, el uso de la pornografía.

El video afronta la temática, desde una perspectiva interesante: el rumbo de la sociedad, comienza a configurarse con las decisiones de las personas. Toda decisión lleva a tomar una acción que puede impactar positiva o negativamente en los que nos rodean.

Muchos psicólogos han demostrado que la pornografía es como una droga, reacondiciona el cerebro y realmente crea adicción. Y no solo se queda en eso. Altera nuestra visión sobre lo que significan las relaciones sexuales y lleva a que se “cosifique” a la pareja o a cualquier persona.

Quizá podrías decir que ese es un asunto privado, “que no tiene nada de malo”, o “todos los chavos de mi edad la ven”; sin embargo, el verdadero peligro se encuentra en que nuestra sociedad se ha vuelto cada vez más permisiva y confunde “amor” con “pornografía”; este es un grave error antropológico y moral, pues hace que nuestra sociedad se convierte en un lugar donde no cabe ya el compromiso por el amor genuino, sino que se degrada a un objeto de placer.

Somos la primera generación del mundo en afrontar la pornografía con esta intensidad y a esta escala. Esto es algo que nos debe hacer tomar la urgencia de este asunto. Tenemos la responsabilidad de compartir y buscar el amor verdadero, ese que nos mueve a abrirnos a la otra persona, que implica entrega y generosidad, ese que por el cual no se necesita pagar, ni ser vivido a escondidas, ese que está hecho para ser luz que de calor a las vidas de tantas personas que mueren por el frío en sus corazones.

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