DIOSLa Charla Dominical

¿A cuántos callamos para que no se acerquen a Jesús?

Queridos hermanos, en este domingo, las lecturas nos dejan ver la compasión de Dios por todos nosotros. Además, nos hace la clara invitación a confiar en Él, ya que nos quiere devolver la vista porque muchos vamos caminando ciegos a las maravillas de Dios, tristes, desilusionados y sin esperanza.

En la primera lectura del profeta Jeremías, se nos narra cómo el profeta anuncia que el Señor había salvado a su pueblo, haciéndolos volver del destierro. Les dice unas palabras de consuelo muy hermosas: “retorna una gran multitud; viene llorando, pero yo los consolaré y los guiaré; los llevaré a torrentes de agua por un camino llano en el que no tropezarán”. Con esto, Dios nos recuerda que Él nos quiere guiar y conducir por caminos de paz.

En el Evangelio escuchamos el milagro que Jesús realiza al ciego, llamado Bartimeo, quien se encontraba sentado a las orillas del camino pidiendo limosna. “Al oír Bartimeo que venía Jesús, se puso a gritar: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”. Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando más fuerte. Jesús se detuvo y lo mandó llamar. Llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama””.

Lo curioso es que, aunque era evidente la necesidad de Bartimeo, Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. La respuesta del ciego era obvia: “Maestro, que pueda ver”. A lo que Jesús le dijo: “Anda, tu fe te ha curado”.

Este relato es bellísimo porque deja en claro el amor de Jesús por cada uno de nosotros que somos sus hijos y estamos necesitados. Quiero reflexionar en tres puntos muy importantes:

  1. Todos hemos estado ciegos en algún momento: Marcos dice que este ciego se encontraba a las orillas del camino. Esto representa a todos aquellos que, cegados por el pecado y la lejanía de Dios, viven marginados, sin esperanza, sin amor y apartados de la comunidad.

Cuántos Bartimeos hay hoy que estemos ciegos a tantas bendiciones que Dios nos da y, por ello, nos hemos apartado de lo que amamos. Cuántos que han perdido la esperanza o que ya no sienten la necesidad de la salvación.

Aunque hoy estemos ciegos, nunca olvidemos que Jesús ya pagó con su muerte en la cruz nuestra ceguera; y con su sangre derramada ya nos lavó de los pecados. Debemos regresar con Él para que nos cure.

  1. A cuántos callamos para que no se acerquen a Jesús: Marcos dice que muchos lo reprendían para que se callara. La sociedad que no se quiere abrir al amor de Dios, que no quiere entrar en la dinámica de la conversión, nos grita y quiere acallarnos, lo vemos recientemente con el tema de la vida y del aborto.

Pero conviene que reflexionemos a cuántos nosotros hemos intentado callar porque su testimonio nos cala o interpela. Si te han intentado callar, ánimo, grita más fuerte, que Cristo nos escucha y no pasa de largo, sino que se detiene con amor para ayudarnos.

  1. Tiró el manto y siguió a Jesús: Su manto era lo único que tenía Bartimeo, y cuando Jesús le preguntó qué quieres que haga por ti, primero tiró el manto y le pidió que viera. ¿Qué estás dispuesto a dejar hoy con tal de obtener la sanación? Esto nos invita a dejar atrás nuestro antiguo modo de vida. Debemos ser valientes y desprendernos de nuestras falsas seguridades, para poder seguir a Jesús libremente.

 

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