DIOSLa Charla Dominical

3 Criterios para saber si eres enemigo de la cruz de Cristo

Queridos amigos, en este Domingo se nos invita a recordar que nuestra mirada debe estar puesta en el cielo, debemos trabajar duro para no caer en la tentación de querernos instalar en lo cómodo y no nos configuremos con Cristo.

Hoy escuchamos en el Evangelio, la Transfiguración del Señor, en donde deja ver por un momento la gloria del Hijo de Dios, y de ello hace partícipes a 3 de sus apóstoles. Esto sucedió en la altura de la montaña mientras que estaban en oración, ahí su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras resplandecían. Además, se escuchó una voz que decía: “Este es mi Hijo, el escogido, escúchenlo”.

Recordemos que Jesús iba camino de Jerusalén para entregarse por nosotros. Sus apóstoles recibieron este adelanto de la manifestación de su gloria para ser fortalecidos en lo que tendría que suceder. Esto nos enseña que, para poder entender los planes de Dios, debemos ir a la montaña, subir al encuentro con Dios a través de la oración. Sólo ahí es en donde todo quedará más claro.

Es fundamental ponernos a los pies del Maestro para poder comprender sus caminos. En esta escena, el Padre no sólo confirma a Jesús como su propio Hijo y al ansiado Mesías, sino que les ordena a los discípulos escucharlo, sobre todo, cuando el camino que nos comparte es incomprensible. ¿Cuántos miedos llevamos en el corazón que no nos permiten escucharlo? ¿Cuántas dificultades vivimos que no nos dejan descubrir el Plan de Amor que Dios me está proponiendo?

Pedro tuvo la tentación de quererse quedar instalado en aquella bella escena y en aquella cómoda situación y no bajar para hacer vida lo que habían vivido. A todos nos puede pasar también lo mismo, querernos quedar con el Jesús resplandeciente o el resucitado, pero no querer saber nada del Jesús crucificado.

De lo anterior nos habla San Pablo cuando nos dice: “Como muchas veces se los he dicho, y ahora se los repito llorando, hay muchos que viven como enemigos de la Cruz de Cristo. Esos tales acabarán en la perdición, porque su dios es su vientre, se enorgullecen de lo que deberían avergonzarse y sólo piensan en las cosas de la tierra”.

San Pablo nos recuerda que somos ciudadanos del cielo, pero a veces nos hemos querido instalar en este mundo fácil y cómodo y esto nos ha convertido en enemigos de la cruz de Cristo. Tres criterios, según San Pablo, para saber si somos nosotros esos enemigos del Señor:

Su dios es su vientre:

Son los que viven para sus propios apetitos carnales. Hacen de sus propios deseos, anhelos y aspiraciones, el fin de toda su existencia. Son los amantes del “buen vivir”, del confort, de los lujos y las riquezas. Sus apetitos los gobiernan y viven para ellos, se auto justifican de todo.

Su gloria es su vergüenza:

Son los que se enorgullecen de lo que les debería dar vergüenza. Los que se ufanan de sus pecados, de ser codiciosos, avaros o lujuriosos. Lo que descaradamente dicen: mira cuánto tomo y no me pongo borracho, mira cuántas mujeres he tenido, mira cuánto he logrado, mira cuánto he robado y no se han dado cuenta, etc. Son los que se sienten orgullosos de sus pecados y sus osadías espirituales.

Sólo piensan en lo terrenal:

Su atención sólo está en lo que les pueda dar placer, gusto y satisfacción en este mundo terrenal y material: qué comer, qué vestir, qué carro último modelo comprar, a dónde viajar, qué mujer conquistar, etc. Son los que sólo piensan en el mundo, la fama, el dinero, el éxito terrenal, el cuerpo ideal, la comodidad o el placer. Son los que han anestesiado su consciencia con las apetencias del mundo.

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