La Charla DominicalReflexiones

¿Y tú haces la Voluntad de Dios?

Charla Dominical

Amigos, en este domingo el Señor quiere recordarnos que la meta del cristiano es la vida de la santidad. Está la lograremos conquistar hasta que podamos descubrir y realizar la Voluntad de Dios en nuestras vidas.

En este camino, el cristiano va a toparse con ciertas dificultades para avanzar y configurarse con Cristo. El demonio nos va a presentar muchas y variadas tentaciones, todas ellas sumamente atractivas, para alejarnos del Plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.

La Primera Lectura de hoy nos propone la primera tentación del paraíso y una vez que ambos han comido el fruto del árbol prohibido, Dios los cuestiona. Vemos que el hombre se siente desnudo en la presencia de Dios y al ser cuestionado de si había comido de aquel fruto, automáticamente le echa la culpa a la mujer. Cuando Dios cuestiona a Eva del porqué incitó a su marido, ella a su vez, le echó la culpa a la serpiente.

En la vida es mucho más fácil echarle la culpa al otro, en lugar de asumir la responsabilidad de nuestros actos. Nosotros siempre somos los buenos, los santos, los sufridos, las víctimas… los otros son los malos, los irresponsables, los que nos hacen caer, los que no nos dejan actuar bien. etc.

Dios tiene un camino personal de santidad para cada uno de nosotros y hasta que no queramos tomar responsabilidad de nuestro camino, no vamos avanzar en él.

En el Evangelio de hoy podemos descubrir que la vida es una continua lucha contra el mal. El demonio siempre hace todo lo posible por apartarnos de Dios y nos presentará las tentaciones para lograrlo. ¿Qué debemos hacer para salir victoriosos de esta lucha? ¿Qué hacer para no echar la culpa de nuestros actos a otros?

La respuesta la encontramos en los últimos versículos de hoy : “Le dijeron: Allí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan. Él les respondió: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos son mis madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”  (Mc. 3, 31-35)

Para vencer las tentaciones debemos pertenecer a la familia de Jesús, y para esto descubrimos que no son los lazos de sangre los que nos hacen pertenecer, sino la fe y el cumplir la voluntad de Dios. Para poder cumplir la voluntad de Dios, se requiere la atenta escucha de la Palabra, ya que todos los que estaban allí y los señaló como su familia, se encontraban en torno a Él escuchando su mensaje.

Ya nos dice también la Segunda lectura, que debemos poner nuestra mirada en lo eterno, no en lo transitorio. Así que luchemos por descubrir la voluntad de Dios en nuestra vida, seamos responsables y acerquémonos a la Palabra para lograr hacer lo que Dios quiere de nosotros.

 

 

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