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¿Cómo vencer la pereza?

Hace algunos días escuché la frase: “El infierno está lleno de buenas intenciones”, y la verdad me cuestionó mucho, porque reflexionando me doy cuenta de cuántas veces he tenido buenas intenciones para hacer tantas cosas y, al final, termino por no hacerlas por la pereza. 

No basta con justificarnos diciendo: “la intención es la que cuenta”, pues éstas deben ir acompañadas de las obras, si no sólo se quedarán en palabras huecas. Hay que tener cuidado con la pereza, pues es la madre de todos los vicios y puede provocar la perdición en la vida del hombre si no se elimina a tiempo.

Si tú te das cuenta que eres preso de la pereza te queremos compartir 4 prácticos remedios para que puedas vencerla:

1.-Averigua: Lo primero que tienes que reconocer es el origen de la pereza, ya que muchas veces puede estar relacionada con algo que te causa temor o desánimo. Hoy te pregunto. ¿Te sientes cansado, fatigado, con miedo, lastimado o simplemente no tienes ganas de hacer nada? No permitas que la situación en la que te encuentras hoy te estanque en la pereza, busca una solución y resuélvela. Si te sientes cansado, organiza y aprovecha tus momentos de sueño; si te sientes fatigado, quizás debes priorizar tus actividades; si te sientes sin ánimo, piensa en los beneficios que te traerá hacer tal o cual cosa; si te sientes triste, busca un motivo que te haga feliz y manos a la obra. Averigua cuál es el motivo de tu pereza, cuando lo sepas, habrás dado un paso del “querer” al “hacer”. No será fácil pero tampoco es imposible. El Libro de Proverbios dice: “Tiene hambre el perezoso, más no se cumple su deseo; el deseo de los diligentes queda satisfecho” (Proverbios 13, 4).

2.- Organízate: Ser organizado resulta ser a veces inalcanzable para muchos y muy favorable para otros. La realidad es que es una herramienta muy necesaria que te permitirá cumplir con todo lo que tienes que hacer. Procura diferenciar entre lo urgente y lo necesario. Prioriza tus responsabilidades, pero sin usar la pereza como justificación para comenzar por lo más fácil. Pon cada cosa en su sitio y busca un sitio para cada cosa. Haz un esquema con tiempos para cada cosa que debes hacer y para cada actividad de tu día; desde la hora en que debes despertarte, desayunar, trabajar, estudiar, comer, divertirte y dormir. Si perseveras y eres responsable de tus horarios, verás que serás mucho más productivo y te sentirás mejor. Mira este consejo del libro de Proverbios: “Anda a ver a la hormiga, ¡perezoso!, mira sus costumbres y hazte sabio” (Proverbios 6, 6).

3.-Actívate: Este es el antídoto más importante para vencer la pereza. Ser activo es ser dinámico y trabajador en lo que hacemos. Es hacer las cosas con el mismo interés, responsabilidad, calidad y cuidado. Pensemos que todo lo que hacemos en el día es para Dios y para su servicio. Por lo tanto, cada actividad de nuestra vida debe ser hecha con esmero y cuidado. Hay que cumplir en tiempo y forma con lo que nos toca, no ser inactivos sino ágiles para así no darle espacio a la pereza. El libro de Proverbios nos vuelve a decir: “Para el flojo no hay asado de caza; ser activo, es el secreto de la riqueza” (Proverbios 12, 27).

4.-No te des por vencido: Lo importante de este proceso no es comenzar sino mantenerse en el camino, y más cuando las dificultades se presentan con mayor fuerza, hasta hacernos creer que no podemos ya seguir. Toma en cuenta que los problemas y las interrupciones siempre estarán presentes en toda tu vida. No dejes que te hagan creer que nada valió la pena, al contrario “toma al toro por los cuernos” y enfrentalos. Recuérdate cada mañana tus metas del día y sácale el provecho a cada actividad. Antes de dormir, valora todo lo que lograste hacer en el día, úsalo a tu favor, tómalo como motivo para continuar en el camino. Dios confía en ti, ahora te toca a ti creértela. Mira este consejo de San Pablo: “Lo que somos es obra de Dios: hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocupáramos en ellas” (Efesios 2, 10).

No te llenes sólo de buenas intenciones, esfuérzate cada día. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, nútrete de la oración y de los sacramentos. Recuerda las palabras de San Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4, 13).

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